Turquía es la única democracia en el mundo islámico. Otros estados han hecho avances destacados, pero sólo están en camino. El último califato es hoy un socio relevante de la Alianza Atlántica además de un candidato reconocido para incorporarse como un miembro más a la Unión Europea. Para Estados Unidos es el modelo sobre el que debe forjarse un nuevo y trasformado Islam. Para Europa, un enigma repleto de ciudadanos dispuestos a emigrar. Para todos, el laboratorio en el que se está ensayando el futuro del mundo musulmán.
Turquía vivió una extraordinaria metamorfosis desde las ruinas del Califato hasta la modernización liberal. No fue una evolución, sino una imposición. Sin embargo, en la medida en que el proceso democratizador avanza, la Turquía real se impone a la pergeñada por Ataturk. Como cualquier otro país de mayoría musulmana, los turcos viven la tensión provocada por una crisis general de identidad y por la emergencia de corrientes islamistas, que buscan en la vuelta al rigorismo la superación de los problemas.
Que el islamismo es una amenaza real para la democracia es algo evidente, tanto como que el régimen representativo puede abrir cauces de participación a estas corrientes radicales que permitan su paulatina moderación y, sobre todo, que la sociedad asuma el sistema parlamentario como algo realmente propio y valioso.
Hoy Turquía vive una fuerte tensión política entre los defensores de un régimen laico y los que, desde la legitimidad democrática, defienden posiciones islamistas. El conflicto es tan inevitable como positivo. Sin embargo, los atentados terroristas perpetrados por al-Qaida, que rechaza cualquier colaboración con instituciones democráticas, y aquellos otros que tienen su origen en el independentismo kurdo, ponen en peligro un proceso político tan importante como delicado.
La situación geográfica en la que se encuentra es tan valiosa como vulnerable. Turquía puede ser el modelo porque se encuentra en el centro del huracán. Ahora más que nunca, los turcos tienen que sentir nuestra comprensión y solidaridad.