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Reactivando la reforma árabe: la iniciativa del Gran Oriente Medio de la administración Bush
Colaboraciones nº 130   |  7 de Septiembre de 2004
 
(Middle East Intelligence Bulletin Vol. 6   No. 6-7, Junio/Julio 2004,
y el Middle East Forum)
 
En un discurso de noviembre del 2003, el Presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, declaró que "sesenta años de naciones occidentales excusando y acomodando la ausencia de libertad en Oriente Medio" habían fracasado en contener las amenazas a la seguridad que emanan de la región, y anunció que los Estados Unidos habían adoptado una nueva "estrategia avanzada de libertad en Oriente Medio". [1] Los responsables norteamericanos de formulación política esbozaron un plan, la Iniciativa para el Gran Oriente Medio (GMEI), para promover la reforma política y económica en la región junto con el grupo G-8 de principales potencias industriales del mundo. Los gobiernos árabes reaccionaron con escándalo después de que el plan se filtrara en febrero y el GMEI se aguara más tarde cuando funcionarios norteamericanos consultaron con sus homólogos árabes y europeos. La declaración, publicada eventualmente el mes pasado en la cumbre del G-8 en Sea Island, guardaba pocas semejanzas con la concepción original. Como era de esperar, los críticos de la administración Bush no perdieron tiempo en declarar la iniciativa un fracaso.
 
Sin embargo, a tales afirmaciones los árboles les impiden ver el bosque. Puesto el GMEI estaba pensado para ser revisado en consultas con los gobiernos árabes, la primera medida más relevante de su impacto no es tanto la escala de las revisiones que la administración Bush estaba dispuesta a hacer, sino lo que obtuvo a cambio de ellas. Entre febrero y junio, los gobiernos árabes presentaron sus propias iniciativas y permitieron a activistas pro-democracia expresarse libremente y organizarse colectivamente. Por otra parte, los 22 estados miembros de la Liga Árabe aprobaron unánimemente una resolución expresando el compromiso con la "práctica democrática", la libertad de expresión y los derechos de la mujer. "Hace un año, la reforma ni siquiera estaba en el radar de la mayoría de los países árabes", declaró en mayo el ministro de exteriores jordano, Marwan Muasher. "Hoy el debate se ha desplazado de definir los elementos de reforma a cómo implementarla". [2]
 
La Iniciativa del Gran Oriente Medio
El GMEI cobró forma a finales del 2003 como un juego de directrices para coordinar esfuerzos con Estados Unidos y otros miembros del G-8 con el fin de promover las reformas políticas y económicas en el "Gran Oriente Medio" (un término acuñado por la administración para designar una región no contigua que abarca el mundo árabe, mas Irán, Turquía, Israel, Pakistán y Afganistán). El borrador fue enviado a otros gobiernos del G-8 a comienzos de este año, con la esperanza de que formaría la base de una iniciativa unificada que se revelaría en la cumbre de Sea Island en junio. 
 
El documento de trabajo del GMEI fue presupuestado sobre la afirmación de que el creciente "tablero de individuos aislados política y económicamente" en la región amenaza los intereses nacionales de los miembros del G-8 contribuyendo al crecimiento global del "terrorismo, el crimen internacional, y la inmigración ilegal". Las estadísticas de los Informes de Desarrollo Humano Árabe de la ONU (AHDR) del 2002 y 2003 fueron citadas para subrayar la magnitud del problema (por ejemplo, el acceso a Internet en la región es menor que en el África sub - Sahariana, el 51% de la juventud árabe adulta quiere emigrar de sus países). El borrador del GMEI animaba a los estados miembros del G-8 a "presentar urgentemente una respuesta coordinada para promover la reforma política, económica y social en la región" y "forjar una sociedad a largo plazo con los líderes de la reforma del Gran Oriente Medio". 
 
La mayor parte de las recomendaciones del GMEI, tales como la financiación de programas de enseñanza, y la asistencia técnica a la hora de adoptar inversiones y políticas comerciales más eficaces, no representaron una desviación significativa de los actuales programas de reforma europeos y norteamericanos. Sin embargo, el GMEI fue innovador en tres aspectos. 
 
Primero, el GMEI propuso que los gobiernos del G-8 trabajaran dotando directamente a los ciudadanos árabes, mediante el incremento de "la financiación directa a la democracia, los derechos humanos, medios de comunicación, feminismo y otras ONG de la región". Aunque los gobiernos occidentales afirman a menudo proporcionar tal ayuda, el nivel actual de "ayuda social civil" que proporcionan es muy modesto para empezar, y gran parte de él va a lo que puede describirse como ONG cuasi-gubernamentales - organizaciones que son aprobadas (y, en muchos casos, montadas) específicamente por gobiernos para absorber la ayuda exterior y canalizarla de modos que no ayudan a los ciudadanos. 
 
En segundo lugar, el GMEI hace del levantamiento de las restricciones del gobierno sobre las libertades públicas una meta explícita de la diplomacia del G-8. Los estados miembros del G-8 deberían "animar a los gobiernos de la región a permitir operar libremente a organizaciones sociales civiles, sin hostigamiento ni restricciones, incluyendo ONG de derechos humanos y medios de comunicación". 
 
Tercero, el GMEI propone un mecanismo de monitorización de progresos. Sugiere específicamente que el G-8 "financie una ONG que reuniría a expertos legales y mediáticos de la región para esbozar evaluaciones anuales de los progresos de los esfuerzos de reforma judicial o libertad de prensa en la región". 
 
La propuesta no sugirió cambio radical alguno en la promoción de la democracia occidental en Oriente Medio. No recomendó, por ejemplo, que los gobiernos que mostraran progresos en reformas políticas fueran recompensados con mayor ayuda económica (o que aquellos que se resistieran a las reformas fueran castigados con menos ayuda). Mientras que dice que los gobiernos deben "animar" a levantar restricciones sobre las ONG, no dice que deba animarse a celebrar elecciones libres o liberar a los presos políticos. La "imagen general" del GMEI deriva del análisis razonado de la eficacia y los riesgos de diversos instrumentos políticos, pero sus parámetros específicos reflejaron claramente compromisos interdepartamentales en el país (se dijo que la propuesta pasó por incontables procesos de edición y reedición el año pasado). 
 
Escándalo Autoritario 
 
En febrero, poco después de que la administración Bush enviara la propuesta a otros gobiernos del G-8 para comentarla, el rotativo londinense en árabe Al-Hayat obtuvo una copia (según se informa, de los alemanes) y publicó puntualmente el documento en su totalidad. Los gobiernos árabes estaban escandalizados. "Quienquiera que imagine que es posible imponer soluciones o reformas desde el exterior sobre cualquier sociedad o región es un iluso", declaró el presidente egipcio Hosni Mubarak. [3]
 
En marzo, Mubarak y el rey Abdaláh de Jordania viajaron a Europa con la esperanza de persuadir a otros gobiernos del G-8 de no apoyar elementos de la propuesta norteamericana.
  
Sin embargo, los gobiernos árabes reconocieron que una declaración de principios acerca de la democratización de Oriente Medio por parte del G-8 era inevitable una vez que la administración Bush había subrayado su compromiso con la iniciativa, así que se dispusieron a dar apoyo político. Todos compartieron dos prioridades urgentes. La primera fue evitar ser percibidos en casa como insensibles a las exigencias de cambio en un momento en el que la comunidad internacional estaba dispuesta a tomar medidas sin precedentes (aunque fueran retóricas en gran medida) en apoyo de reformas políticas en el mundo árabe. La segunda, articulada por el ex Asistente del Secretario de Estado para Asuntos de Oriente Medio, Robert H. Pelletreau, era "establecer la dirección o algún control sobre la ruta y la profundidad del cambio político dentro de sus sociedades, en lugar de ponerlas en manos ajenas". [4]   
 
Las iniciativas de reforma pronto fueron anunciadas por los gobiernos de todo el mundo árabe. En Egipto, el comité legal Consejo de Derechos Humanos (NCHR), designado por el gobierno, publicó un memorando en abril recomendando que el estado de emergencia, reinante desde 1981, fuera rescindido. El líder libio Muammar el Gaddafi también prometió cancelar la ley de emergencia de su país (aunque no proporcionó ningún calendario para hacerlo). El rais de la Autoridad Palestina (AP), Yasser Arafat, anunció en mayo que se celebrarían elecciones locales este año en 721 aldeas y ciudades palestinas después de un retraso de ocho años. La reforma estaba en el aire incluso en Arabia Saudí, en donde el príncipe heredero Abdaláh celebró una serie de "Forums de Diálogo Nacional" y prometió celebrar las primeras elecciones al consejo municipal del reino a finales de este año (sin embargo, la detención de una docena de activistas liberales en marzo subrayó que las iniciativas de reforma independiente aún se ven desalentadas).
  
Egipto, Jordania, y varios gobiernos árabes más también permitieron que sus ciudadanos organizaran conferencias pro - reforma tras recibir garantías de funcionarios del gobierno norteamericano de que la resolución del G-8 citaría explícitamente sus iniciativas. La administración Bush brindaba, en efecto, a los gobiernos árabes aliados una oportunidad de adelantarse a su propia iniciativa. "El tren de la reforma ha partido", declaró orgullosamente el secretario general de la Liga Árabe, Amr Moussa, a los reporteros en Ammán, en el margen de la cumbre del Forum Económico Mundial  de mayo. [5]  
 
Egipto y Jordania también encabezaron una iniciativa para conseguir que la Liga Árabe aprobara llamamientos a la reforma política en su cumbre anual de marzo. Esto desató una enrevesada contienda de maniobras diplomáticas en el mundo árabe. Mientras que la mayoría de gobiernos árabes querían ser vistos como impulsores de tal resolución y ninguno quería ser visto rechazándola, bastantes claramente no querían que fuera aprobada. En el último minuto, la cumbre fue pospuesta para permitir que mayores esfuerzos diplomáticos forjaran un consenso. Las acusaciones acerca de a quien echar la culpa estallaron por toda la región, recayendo la mayoría de las sospechas sobre el presidente sirio Bashar Assad (de quien se dijo que había rechazado cualquier aprobación de reformas políticas en la Liga Árabe) y el presidente tunecino, Zine El Abidine Ben Alí (anfitrión de la cumbre, de quien se dijo estar trastornado por el hecho de que pocos jefes de estado árabes planeaban asistir), pero las informaciones de medios de comunicación árabes sobre la materia eran fuertemente contradictorias (en parte porque los principales periodistas y comentaristas de noticias evitaron visiblemente señalar a sus propios gobiernos). 
 
La cumbre de dos días de duración fue finalmente fue convocada el 22 de mayo y los miembros de la Liga Árabe aprobaron unánimemente una resolución chocante. La así llamada Declaración de Túnez, publicada al final de la cumbre, expresa "compromiso con los principios humanitarios y los nobles valores de los derechos humanos. . . con el refuerzo de la libertad de expresión, pensamiento, y credo, y con la garantía de un sistema judicial independiente". Además, los 22 gobiernos árabes prometieron "buscar la reforma y modernización de nuestros países. . . mediante la consolidación de la práctica democrática, mediante la ampliación de la participación en la vida política pública, fomentando el papel de todos los componentes de la sociedad civil, incluyendo ONGs. . . ampliando la participación de la mujer en los campos político, económico, social, cultural y educativo y reforzando sus derechos y posición en la sociedad". [6]  
 
La declaración de la cumbre del G-8 
 
Los gobiernos del G-8 aprobaron dos documentos en la cumbre de Sea Island: una descripción de 12 puntos titulada Sociedad para el progreso y un futuro común en la región de Oriente Medio y Norte de África, y un documento mucho más detallado, titulado Plan de apoyo del G-8 a la Reforma. Conocidos colectivamente como la Iniciativa del Gran Oriente Medio y Norte de África (BMENAI), los dos textos de Sea Island son sumamente diferentes del borrador GMEI. 
 
El "empaque" retórico de la iniciativa fue reacondicionado totalmente. Mientras que el GMEI solamente mencionaba problemas vinculados con el subdesarrollo económico y político de la región, el BMENAI reconoce el conflicto árabe con Israel, prometiendo que la ayuda del G-8 "a la reforma de la región irá de la mano con [su] apoyo a un acuerdo justo, conjunto y duradero con el conflicto árabe - israelí". En el nuevo borrador, el G-8 declara su "apoyo a la reforma económica, democrática y social que emana de esa región". 
 
Al contrario que su predecesor, el BMENAI no sugiere que los estados miembros del G-8 animen a los gobiernos de Oriente Medio a cambiar. "El éxito de la reforma depende de los países en la región, y el cambio no debería y no puede imponerse desde fuera", afirma el documento - un punto subrayado en varias ocasiones en el texto. De hecho, el BMENAI implica que ni siquiera se debe esperar que los gobiernos en la región cambien necesariamente. Está repleto de indicaciones de que el progreso de la reforma en los países en la región no debería medirse mediante estándares universalmente reconocidos de libertades políticas y civiles: "Cada país es único y su diversidad debe ser respetada. . . Nuestro compromiso debe responder a las condiciones locales y basarse en la dirección local. . . Cada sociedad llegará a sus propias conclusiones acerca del trazado y alcance del cambio". 
 
"Ya no hay mención alguna al derecho a establecer relaciones directas con varias sociedades mediante sus respectivos respaldos", observó el comentarista libanés Joseph Samaha. "Todas las propuestas detalladas vinculan las relaciones con las organizaciones civiles sociales a las relaciones con las autoridades existentes". [7] La propuesta de su predecesor de crear una organización no gubernamental para monitorizar el proceso de reforma también está ausente en el BMENAI. En su lugar, hace un llamamiento a un "Forum para el Futuro", que implica reuniones consultivas de gobierno a gobierno y conferencias de diálogo entre líderes de la sociedad civil y empresarios de la región. 
 
Conclusión  
 
No es sorprendente que la reacción internacional y árabe a la BMENAI fuera muda en comparación con el alboroto acerca del GMEI. "Nadie le prestó atención", comenta Thomas L. Friedman, columnista del New York Times. [8] Esto no es sorprendente - los gobiernos europeos insistieron en que el lenguaje dejaba poco margen a la queja de funcionarios árabes. Como Tamara Cofman Wittes observa críticamente, la administración Bush "abrazó la estrategia preferida de los regímenes árabes de bregar con sus problemas internos amontonados: liberalización controlada". [9] Sin embargo, mientras que la aprobación de reformas lideradas por los estados de Oriente Medio no es nada nuevo, el hecho de que los gobiernos del G-8 se pusieran deacuerdo en una declaración de principios común sobre la necesidad de reforma política y económica de la región sí es nueva. La aparición de un consenso norteamericano - europeo en esta materia, aunque inexpresivo, es lo que ha conducido a los gobiernos árabes a presentar sus propias iniciativas de reforma. 
 
El éxito de la administración Bush a la hora de persuadir a la mayoría de gobiernos árabes de presentar sus propias iniciativas de reforma es significativo. El hecho de que los círculos oficiales árabes estén hablando de la necesidad de rescindir las leyes de emergencia, por ejemplo, habría sido inimaginable hace unos cuantos años. La mayoría de estas iniciativas de reforma siguen siendo tan sólo palabrería en este punto, pero la palabrería no tiene en sí misma precedentes y ha levantado grandes expectativas públicas. Esto, por sí solo, hace más difícil que nunca ante los gobiernos árabes no emparejar las palabras con hechos. Con la administración Bush exhibiendo una voluntad sin precedentes de criticar públicamente las acciones opresivas incluso de gobiernos aliados (tales como las detenciones ya mencionadas de reformistas liberales saudíes), los regímenes árabes pueden encontrar políticamente demasiado caro desmarcase de sus promesas. 
 
Informaciones relacionadas del MEIB
 
 
Notas
 
[1] Trascripción de citas del Presidente George W. Bush con motivo del vigésimo aniversario de la National Endowment for Democracy, Washington D. C., 6 de noviembre del 2003.    
[2] "Flores en el Mar Muerto", The Washington Post, 18 de mayo del 2004.   
[3] "Plan norteamericano de reforma de Oriente Medio provoca la ira de líderes árabes", The New York Times, 27 de febrero del 2004.   
[4] Al-Hayat (Londres), 26 de abril del 2004. 
[5] "Delegados en el FEM escépticos de que los árabes se comprometan a reforma: encuesta", Agence France Presse, 17 de mayo del 2004.  
[6] Declaración de Túnez publicada en la decimosexta sesión de la cumbre árabe, Túnez, 22-23 de mayo del 2004.
Una traducción al inglés está disponible en la página web de la cumbre.   
[7] Al-Safir (Beirut), 6 de de junio del 2004, traducción en "Lo peor de ambos mundos", Middle East Mirror, 8 de de junio del 2004.   
[8] Thomas L. Friedman, "Maids vs. Occupiers", The New York Times, 17 de junio del 2004.   
[9] Tamara Cofman Wittes, "La promesa del liberalismo árabe", Policy Review, julio del 2004. 
 

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