11-M: parada y fonda

por Emilio Campmany, 16 de marzo de 2007

Los medios siguen su pelea. Los conspiracionistas destacaron las evidentes contradicciones en las que incurrió su bestia negra, Juan Jesús Sánchez Manzano. Los oficialistas se fijaron en la declaración de uno de los TEDAX (Técnicos Especialistas en Desactivación de Artefactos Explosivos), que dijo estar seguro, desde el primer momento, de que el empleado en el atentado no pudo ser Tytadine. Ésta, cuando transcurren unos meses, y habían transcurrido muchos desde que ETA robó la última partida en Francia, pierde capacidad explosiva y la inicial de 5500 metros por segundo desciende con el tiempo a poco más de 3000. Según el testigo, con esta capacidad no es posible cortar la chapa de los trenes como lo hizo el explosivo que emplearon los terroristas. O sea, lo que sabemos desde hace días, que no fue la ETA. Con todo, no deja de ser curioso observar como hace tiempo que los oficialistas no paran de afirmar, a cada pequeña revelación anti-etarra que surge en el juicio, que definitivamente queda descartada la intervención de ETA, pero siguen destacando una revelación tras otra, como si el descarte no terminara nunca de ser definitivo.
 
Las mochilas halladas intactas y explosionadas la intentar desactivarlas
 
Como se sabe, la mañana del 11 de marzo, los TEDAX descubrieron entre los restos de los trenes (en el de Atocha y en el de El Pozo) dos bolsas con explosivo sin estallar. Al intentar desactivarlas, explosionaron. El inspector jefe de los TEDAX de Madrid declaró que, al llegar a Atocha, el olor le resultó poco familiar y que, al ver el corte que la deflagración había hecho en los trenes, creyó que lo que se había empleado era explosivo militar C3 ó C4 (que tiene una capacidad de más de 8000 metros por segundo). Reconoció que la Goma 2 ECO, que conserva a lo largo del tiempo su capacidad inicial de 5600 metros por segundo, pudo ser el explosivo empleado. Sin embargo, cualquiera que viera el juicio pudo darse cuenta de que el hombre dudó. Dio la impresión de que reconocía la posibilidad del empleo de la Goma 2 ECO porque los análisis parecen corroborarlo, pero que su intuición seguía diciéndole que aquello tenía que haber sido obra de explosivo militar.
 
Hay que decir que el C3 y el C4 se fabrican a base de ciclonita o trinitaminaciclotrimetileno, que constituye el 90 % de su composición, y en el informe preliminar de los peritos que examinaron los restos de los focos no aparece esta sustancia por ningún sitio. Debe recordarse, no obstante que, tales muestras, fueron lavadas con agua y acetona y fueron conservadas todas ellas por los TEDAX de Sánchez Manzano. Es más, el jefe provincial de los TEDAX dijo que aquella mañana se rompió el protocolo normal de actuación cuando, tras recoger las muestras de los focos, Juan Jesús Sánchez Manzano ordenó que se llevaran directamente a la unidad central, cuando lo normal es que se hubieran llevado a la unidad provincial para su clasificación, tras lo cual se trasladarían a la unidad central. El Presidente del tribunal no quiso darle demasiada importancia a este detalle puesto que al final las muestras terminaron en el lugar que ordena el protocolo de actuación, pero, dada la desconfianza que suscita el comportamiento y declaración de Sánchez Manzano, el empeño de que la clasificación de las muestras se hiciera en su unidad, rompiendo con ello el protocolo, llama inevitablemente la atención.
 
El testigo no estuvo presente cuando, al intentar desactivar la bomba hallada en El Pozo, explosionó. Pero sí vio el intento de desactivación de la encontrada en Atocha. Para la desactivación se empleó un sistema apropiado para artefactos compuestos de C3 ó C4. Se fracasó y el artefacto estalló. Afirmó que fue grande su sorpresa cuando vio que el humo que despidió la bomba fue gris tirando a blanco, propio de la Goma 2 ECO, en vez de negro, como corresponde al C3 y al C4. Claro que en aquel momento el TEDAX estaba convencido de que el explosivo de los trenes tenía que ser el mismo de la bolsa.
 
La mochila de Vallecas
 
Sin embargo, el aspecto más importante de la declaración de este TEDAX se refirió a la seguridad que tenía de que en la estación de El Pozo no había más bombas sin estallar que la que encontraron sus hombres y explosionó al intentar desactivarla. De hecho la zona fue peinada cuatro veces, el doble de lo que se les había ordenado. Cabe que se les pasara, pueden decir algunos. Sin embargo es tan improbable, que es casi imposible porque revisaron todas las bolsas y mochilas cuatro veces y la que apareció en la Comisaría de Puente de Vallecas era similar a la que habían encontrado antes. Si hubiera sido muy distinta, hay un mínimo margen para el error. Siendo parecida es prácticamente imposible que la pasaran por alto. Esto significa que la mochila de Vallecas no pudo llegar a la Comisaría donde apareció procedente de los enseres recuperados en la estación de El Pozo. Luego, es una prueba falsa.
 
Hechos
 
Esto permite alcanzar una razonable seguridad sobre los siguientes hechos: los terroristas colocaron diez bombas (con un explosivo y un sistema de activación que todavía hoy desconocemos) preparadas para estallar en los cuatro trenes entre las 7’36 y las 7’38 de la mañana. Colocaron además dos mochilas con Goma 2 ECO con un sistema de activación consistente en un teléfono móvil, con una tarjeta telefónica colocada en su interior adquiridas en un locutorio regentado por una persona que se sabe sospechosa de ser fundamentalista islámico, muy relacionado con los ambientes radicales musulmanes de la capital. Al ver los terroristas que los TEDAX no fueron capaces de desactivar ninguna de las dos falsas bombas colocadas con la intención de conducirles rápidamente hacia Jamal Zougam, se vieron obligados a preparar apresuradamente una tercera y llevarla adonde estuvieran los enseres amontonados donde la policía la pudiera encontrar. No sabemos todavía como se las apañaron para que alguien se fijara en la mochila que dejaron entre esos montones, pero quizá, a lo largo del juicio, algún testigo policial pueda arrojar luz sobre este extremo.
 
Como buena parte del sumario se basa en la mochila de Vallecas, el sumario se tambalea. El Juez del Olmo ha podido acertar a detener un buen puñado de islamistas radicales (aun sigue practicando detenciones relacionadas con el 11-M), pero todas las pistas que parten de la mochila de Vallecas son obviamente falsas.
 
Especulaciones
 
Si la mochila de Vallecas es falsa, Jamal Zougam, el que vendió la tarjeta telefónica que se hallaba en su interior, es inocente. Pero entonces ¿cómo es posible que varios testigos hayan declarado haberlo visto en los trenes? Una de las cosas que más llama la atención de las declaraciones de los testigos que dicen haber visto a Jamal es que lo sitúan en distintos trenes y con diferente aspecto: uno lo vio con gorro y bufanda, otro con un protector nasal. Permitámonos por una vez y sin que sirva de precedente alguna especulación.
 
Jamal Zougam fue el hombre que volcó el resultado electoral. Su detención el 13 de marzo, un día antes de las elecciones, dado su perfil de islamista radical, fue el elemento definitivo que convenció al electorado de que el atentado era obra de islamistas. Además, a pesar de que pudo saber por todos los medios de comunicación que se había desactivado una de las mochilas, y que tenía que saber que contenía una tarjeta telefónica vendida por él, se quedó tranquilamente en su casa a esperar que lo detuvieran, comportándose como si no tuviera nada que ver con los atentados.
 
Los terroristas que colocaron las mochilas falsas podían muy bien esperar que el hecho de haber vendido la partida de tarjetas a la que pertenecía la encontrada en la mochila no fuera suficiente para que la policía lo detuviera y que ayudaría que alguien lo identificara en los trenes. ¿Y si Jamal Zougam colaboró con los terroristas paseándose por los trenes atacados, apeándose de unos y subiéndose a otros, con una mochila, pero sin ninguna bomba, preguntando en una estación a una señora, empujando a un lector en un vagón, apoyándose en el hombro de una viajera y, en definitiva, llamando la atención? ¿Y si lo que llevaba en la mochila eran un gorro, una bufanda, un protector nasal y otras prendas con que cambiar su aspecto de tren a tren para luego, cuando finalmente el atentado hubiera producido el efecto deseado, que el PP perdiera las elecciones, poder desacreditar unos testimonios con la contradicción de los otros y quedar en libertad?
 
Otra especulación, la última. El C3 y el C4 son explosivos que, con bastante menos peso, provocan el mismo daño que la dinamita. En los libros de Casimiro García Abadillo y de Miguel Platón, escritos ambos hace tiempo, se recoge el dato, extraído con toda seguridad de la investigación policial, de que las bombas del tren de Atocha, por lo menos, fueron colocadas en las papeleras de los vagones. De este detalle todavía no se ha hablado en el juicio. Esperemos que se haga. El inspector jefe de Madrid declaró antes de ayer que la mochila-bomba intacta apareció en medio de un pasillo. Una mochila bomba no cabe en una papelera, pero un paquete mediano, sí. Los terroristas pudieron emplear explosivo militar, con el que se pueden fabricar artefactos de menor tamaño, en vez de la Goma 2 ECO de las mochilas señuelo con la finalidad de que, aparecidas dos mochila-bomba intactas y descubierta una tercera en la Comisaría del Puente de Vallecas, la policía interrogara a los viajeros sobre sospechosos con mochilas o bolsas de deporte y no por los verdaderos terroristas, que podrían haber estado en los trenes con paquetes menos voluminosos guardados en los bolsillos grandes de una gabardina, por ejemplo.
 
Resulta hoy más que nunca lamentable el comportamiento al menos negligente de Sánchez Manzano, que ha impedido que podamos conocer con seguridad qué es lo que estalló en los trenes.
 
Terminemos recordando el hecho. Hoy se ha alcanzado la plena seguridad de que una de las cuatro pruebas importantes en que descansa el sumario, la mochila de Vallecas, es falsa. Muchos hace tiempo que lo creen, pero hoy ya no puede nadie sensato defender su autenticidad.