Billete de ida y vuelta

por Rafael L. Bardají, 7 de diciembre de 2013

(Publicado en La Gaceta, 7 de diciembre de 2013)

 

 La desmemoria estratégica suele conllevar consecuencias catastróficas. Y el mundo está inmerso en una suerte de amnesia con todo lo que tiene que ver con la historia y la seguridad. Por ejemplo, se ha dejado de dar importancia al hecho de que, en gran medida, la guerra civil en Argelia fue tan sangrienta, larga y complicada de finalizar, por culpa del número ingente de islamistas que habían ganado experiencia en combate luchando contra los rusos en Afganistán. Donde también recibieron una educación religiosa tan extrema como letal. Esos mujaidines fueron conocidos como los afgansis.

Pues bien, sería de tontos estratégicos no pensar que aquel fenómeno de los 80 y 90 no va a repetirse hoy, o en breve, con los yihadistas que están combatiendo actualmente en Siria. Sólo que está vez, en lugar de retornar a Argelia, de donde partieron en su momento hacia territorio afgano, volverán en un buen número a Europa, donde han sido acogidos como emigrantes. Según fuentes de la Interpol, más de mil ciudadanos o residentes en la UE han viajado a Siria para unirse a tres organizaciones islamistas radicales, con vínculos con Al Qaeda. Y aunque muchos mueren como mártires de su guerra santa allí, el flujo no ha dejado de crecer. Es más, en Inglaterra y Francia ya se han detectado los primeros casos de yihadistas que han vuelto, no por fatiga, sino para continuar su guerra, pero está vez contra nosotros. Y se han producido detenciones en los dos últimos meses.
 
Organizaciones como Jabhat al Nusra, el Frente Nusra y el autodenominado Emirato Islámico de Irak y Oriente (más conocido por sus siglas ISIS) no adoctrinan a sus militantes para acabar con Asad, sino para atentar contra Occidente. Su agenda es local y global. Sin embargo, la UE no las lista aún como organizaciones terroristas y, en consecuencia, no impone ningún tipo de control para quien habiendo combatido con ellas en Siria, regresa a casa como si nada. Servir a Al Qaeda allí, no es un delito en nuestro suelo común.
Desgraciadamente España no es para nada ajena a este fenómeno. Gracias al buen que hacer de la Policía, conocemos que se han desarticulado células en Ceuta cuya dedicación era esencialmente el reclutamiento y el apoyo logístico para jóvenes musulmanes que deseaban luchar en Siria. Algunos de ellos, como terroristas suicidas. De hecho, más de una treintena de musulmanes españoles o marroquíes han salido de nuestro suelo hacia Turquía y desde allí a Siria. Y cuanto más se enquiste el conflicto allí, más acabarán yendo. Y con el tiempo, como está sucediendo ya con nuestros socios europeos, retornen a España. Frustrados, ansiosos y entrenados para matar y morir. No es ninguna broma.