Dejar de mirarnos al ombligo

por Rafael L. Bardají, 1 de enero de 2018

(Publicado en La Gaceta, 30 de diciembre de 2017)

 

Si tuviera un deseo para España en el año que entra, el 2018, sería que dejáramos como país de mirarnos al ombligo. Desde Zapatero España entró en una etapa de ensimismamiento narcisista que ha tenido su prolongación con Mariano Rajoy al frente del Gobierno. La consecuencia, un grave desinterés de lo que acontece más allá de nuestras fronteras y una creciente irrelevancia en el ámbito internacional camuflada, como en épocas anteriores, con soflamas tan sonoras como huecas de contenido. El problema del separatismo catalán no ha hecho sino agravar nuestro ensimismamiento, llevando a que la vida política sólo sea un monotema, Cataluña.

 

Y, sin embargo, el mundo no ha parado de girar. De hecho, lo que ha hecho es acelerarse, aunque no nos queramos dar cuenta. Pues bien, aquí van algunos de los asuntos, los ignoremos o no, que van a ser relevantes para nuestra vida.

 

El primero, el nuevo Oriente Medio. Desde que el 17 de diciembre de 2010, aquel vendedor tunecino, Mohamed Buazizi, se auto-inmolase en señal de protesta y sirviera de espoleta a la llamada “primavera árabe”, se han sucedido muchas cosas. La mayoría malas, pero algunas buenas. Entre éstas última tenemos que prestarle especial atención al auge en Arabia Saudí de Mohamed Bin Salman, ascendido al puesto de heredero y verdadero hombre fuerte de la monarquía. MBS, como es conocido, se enfrenta a grades retos internos y externos, pero a ambos frentes está dando respuesta. Apertura social y reformas económicas en el frente doméstico; resistencia al auge de Irán en toda la región. El futuro de MBS será un tema a seguir el año que viene. Si logra reducir el papel de los líderes religiosos de su país, supondrá no sólo mayor apertura interna sino también, un islamismo moderado de cara al exterior y, por tanto, una ayuda imprescindible para acabar con el wahabismo y sus enseñanzas extremistas en nuestro suelo. Ayudar a que el príncipe heredero se consolide es de nuestro máximo interés estratégico pues cualquier alternativa sería regresiva y pondría en peligro la estabilidad de Arabia Saudí cuando menos necesitamos una cosa así.

 

El segundo asunto a tener presente es Siria. A pesar de la derrota del Estado Islámico, Siria seguirá siendo un auténtico avispero. Por un lado está la cuestión rusa y su futuro papel en la región. A todos pilló desprevenidos la ofensiva militar de Putin en socorro del dictador Basher el Assad y a muchos ha cogido de sorpresa de nuevo el reciente anuncio de Putin de haber alcanzado sus objetivos militares. Y casi tofos nos preguntamos ahora qué quiere hacer el Kremlin en el Oriente Medio. A mirar con lupa. Por otro lado está Irán, uno de los pocos ganadores de la guerra civil siria. Sus milicias, dirigidas, entrenadas y pertrechadas directamente por los mandos de la Guardia Republicana iraní, ha ido ocupando progresivamente el espacio ganado al Estado Islámico y, antes, a otros grupos de la oposición, islamista o no. La mano de Irán se ha ido alargando alarmantemente tras el “decoro” diplomático otorgado por el anterior presidente americano, Barak Hussein Obama. La consolidación de un arco shií de Teherán al Levante es lo que estará en juego en 2018. Evitarlo también es de interés estratégico para España y sus aliados.

En tercer lugar está Donald Trump. Por mucho que le pese a los europeos, el actual presidente americano seguirá en la Casa Blanca también el año que viene y los siguientes. La trama rusa parece que se desinfla y el impeachment es un delirio de algunos demócratas alejados de la realidad. A pesar de la guerra mundial y civil a la que se enfrenta cotidianamente, poco a poco se va abriendo paso y sus promesas electorales se van cumpliendo, de la reforma fiscal, a la desregulación o el reconocimiento de Jerusalén como la capital de Israel, entre otras muchas cosas. En la próxima cumbre de la OTAN los aliados no le van a encontrar más debilitado, sino más consolidado y convencido de que sus ideas son las apropiadas para el futuro de la organización y del mundo.

En cuarto lugar se encuentra Steve Bannon, el exasesor estratégico de Donald Trump. Desde su salida de la Casa Blanca, lejos de recluirse en sus asuntos financieros, Bannon ha desatado una implacable guerra contra los que el considera es el “pantano” republicano, comenzando por el jefe del grupo parlamentario, Mitch Mcconnell. No siempre ha salido victorioso de sus batallas, como ha sido el caso del candidato al senado en Alabama, el juez Roy Moore, pero no cabe duda de que, hoy por hoy, Steven Bannon es un poder real, superior al de la mayoría de sus adversarios. Tanto que ya hay quien habla de que podría ser uno de los candidatos a la presidencia en un tiempo futuro. Y quizá no tan futuro si Trump no se presentase a su segundo mandato. El auge o caía de Bannon dará forma a la vida política americana en los próximos meses y si sus candidatos anti-establishment ganasen, para años. Sólo por eso ya merece la pena seguir sus andanzas.

 

En fin, está también Libia y la estabilidad del Norte de África, el mal llamado populismo en Europa, la Rusia de Putin, el futuro de Venezuela… todo un mundo en ebullición. Lástima que, a diferencia de la recién publicada estrategia de seguridad americana, la última estrategia de seguridad nacional española tenga poco de seguridad y nada de nacional, dibujando un mundo rosáceo donde la mayor amenaza proviene de un puñado de hackers supuestamente encerrados en un cuarto oscuro de algún sótano ruso. Nuestros estrategas sólo saben de modas, justo lo opuesto a cualquier estrategia.  Lo nuestro es, en realidad, buscar urnas que no se encuentran, invocar en vano el cacareado artículo 155 de la constitución y encomendarnos al mensaje navideño de su majestad el Rey. Eso sí que es estrategia nacional. Que del mundo se ocupen otros, que nosotros ya estamos demasiado ocupados.