El terrorismo yihadista en el sudeste asiático

por Carlos Echeverría Jesús, 31 de diciembre de 2007

(Publicado en War Heat Internacional nº 59, diciembre de 2007)

El atentado terrorista que el 19 de octubre provocaba 8 muertos y 129 heridos en el centro comercial “Glorieta”, uno de los mayores de Makati, principal barrio comercial de Manila, apunta según todos los indicios a los yihadistas salafistas del grupo de Abu Sayyaf, una letal franquicia de Al Qaida en el archipiélago filipino que ya provocara 116 muertos en un macroatentado realizado en 2004 y que no da tregua al Gobierno de la Presidenta Gloria Macapagal Arroyo.

Escenarios lejanos de un terrorismo persistente y global
 
En el Sudeste de Asia grupos y redes terroristas como el propio Abu Sayyaf o la ampliamente extendida Yemaa Islamiyya siembran el terror desde hace años en un amplio abanico geográfico representado por cuatro países: Tailandia, Malaisia, Indonesia y Filipinas, con sangrientas consecuencias para el gigante occidental de la zona, Australia. El atentado de octubre de 2002 en Bali, que provocó 202 muertos, 88 de ellos turistas australianos; los realizados en 2003 y 2004 contra el Hotel Marriot (20 muertos, 19 de ellos indonesios) y contra la Embajada de Australia (10 muertos), ambos en Yakarta; u otro atentado en 2005 en Bali(tres suicidas mataban a 20 personas), entre otras acciones, son un botón de muestra de un activismo letal que se desarrolla en países donde los musulmanes, mayoritarios en Indonesia y Malaisia y minoritarios en los otros dos, son objetivo del afán purificador de los yihadistas salafistas. Con sus acciones, los terroristas dañan de paso a objetivos no musulmanes - especialmente australianos - a los que se trata de alejar del suelo musulmán por la, en opinión de los yihadistas, nefasta influencia que ejercen entre los seguidores del Islam.
 
Tailandia
 
En Tailandia el activismo secesionista de los islamistas en el sur del país, la parte más cercana a Malaisia, se hizo más cruento a partir de 2004 y ya ha provocado alrededor de 2.300 muertos. Las provincias de Yala, Narathiwat, Satun y Pattani están habitadas mayoritariamente por musulmanes, unos 1,3 millones, mientras que la inmensa mayoría de la población tailandesa (65 millones) es budista. El 18 de febrero pasado 28 bombas sacudían centros comerciales y redes de tendido eléctrico en cuatro provincias del sur provocando 6 muertos, 53 heridos e importantes daños en infraestructuras: tres de los muertos eran tailandeses de origen chino, comunidad esta especialmente fijada como objetivo por los yihadistas que hacían coincidir además su ofensiva con el comienzo del Año Nuevo Chino. Los ataques contra los símbolos budistas son cada vez más frecuentes, unidos a emboscadas, incendios provocados y decapitaciones (más de 24 en los últimos tres años). Azuzando los enfrentamientos intercomunitarios los yihadistas están logrando poner en marcha una limpieza étnico-religiosa en algunas zonas del sur del país, desde donde huye la minoría budista ante tan sangrienta campaña.
 
Con su inicio el 4 de enero de 2004, cuando terroristas yihadistas mataban a 4 soldados al asaltar un barracón militar en el que robaron cientos de fusiles de asalto, sus enfrentamientos con las Fuerzas Armadas y de Seguridad tailandesas tuvieron su momento álgido en abril de ese año en las citadas provincias de mayoría musulmana: el 28 de abril un total de 107 activistas eran eliminados cuando iniciaron ataques coordinados contra comisarías y puestos de vigilancia e incluso una mezquita del siglo XVI sita en la provincia de Pattani fue sometida a asedio cuando 32 yihadistas se atrincheraron en ella. Entre enero y abril hasta 65 miembros de las fuerzas de seguridad, funcionarios del Gobierno y monjes budistas habían sido asesinados por terroristas.
 
Es importante destacar cómo el yihadismo salafista rescata viejas querellas separatistas en las provincias citadas para añadir una causa más al altar del islamismo combatiente: el separatismo musulmán liderado en los años sesenta y setenta del siglo XX por la Organización de Liberación Unida de Pattani, que buscaba emanciparse de Bangkok imponiendo el Islam frente al budismo y el dialecto yawi - procedente del malayo - frente a la lengua tailandesa, está recibieno ahora el vigor que nunca tuvo gracias a la expansión del yihadismo salafista.
 
Malaisia
 
En Malaisia, donde el 60% de la población es musulmana, el liderazgo tradicional de la Organización Nacional de Malayos Unidos (UNMO), seguida de cerca por su principal rival el islamista Parti Islam se-Malaisia (PAS), han venido garantizando hasta hoy un marco de tolerancia y su apertura al exterior. No obstante esta situación podría cambiar si la tendencia cada vez más actual de hacer más visible al Islam en la política y en la vida cotidiana se impone. La creciente expansión de los tribunales de Sharía por la influencia que algunos Estados de Oriente Medio tienen en el país y en su Primer Ministro, Abdullah Bin Haji Ahmad Badawi, quien actualmente preside la Organización de la Conferencia Islámica (OCI), son un buen indicador de tal tendencia. Aunque Badawi quiere representar a una visión dialogante y componedora del Islam, que quedaría reflejada en su intento de aportar fuerzas a la UNIFIL II en el sur del Líbano - algo rechazado por la ONU - o por su liderazgo del International Monitoring Team desplegado en el sur de Filipinas para canalizar las conversaciones entre el Gobierno de Manila y el Frente Moro de Liberación Nacional (FMLN), su alimento del islamismo no hará sino reforzar al PAS que ya gobierna en dos Estados federados del país.
 
El Kampulan Muyahidin Malaisia (KMM) es un pequeño grupo yihadista fundado en 1995 que propugna crear un estado panislámico agrupando a Malaisia, Indonesia y el sur de Filipinas que tiene conexiones con Yemaa Islamiyya y con grupos radicales en Maluku y Filipinas.
 
Indonesia
 
En Indonesia, el país musulmán más poblado y que acoge al 15% de los musulmanes del mundo, la ofensiva terrorista viene de atrás. Trata de enderezar el torcido camino de sus autoridades y de parte de su población: de las primeras rechaza el afán mediador y pacificador de las autoridades de Yakarta con el ex-General Susilo Bambang Yudhoyono y Wiranto, su Presidente desde 2004, a la cabeza. Para los yihadistas es inaceptable que el Gobierno indonesio haya reunido en abril a clérigos suníes y shiíes para buscar la reconciliación en Irak y que en agosto haya hecho lo mismo con miembros de Hamás y de Al Fatah para acercar a las dos principales facciones palestinas. El activismo de la Yemaa Islamiyya ha estado alimentado por su jefe espiritual, Abu Bakr Bashir, quien era liberado el 14 de junio de 2006 tras haber pasado 26 meses en prisión acusado de haber incitado a los atentados de 2002 en Bali: condenado a 30 meses se le redujo la condena en cuatro por buena conducta y fue liberado entre las protestas estadounidenses y australianas. Indonesia ha vivido enfrentamientos entre musulmanes y cristianos, como los que en 2000 provocaron en la zona central de la isla de Sulawesi (la antigua Célebes) la muerte de 200 personas y por los que se condenó a muerte a tres católicos que eran fusilados el 22 de septiembre de 2006 provocando nuevos enfrentamientos intercomunitarios, tanto en Sulawesi como en la ciudad de Atambua, en Timor Occidental. Por otro lado, el avance islamista se percibe también en hechos como la imposición progresiva de la Sharía en enero de 2007 en las ciudades de Depok y Tangerang, vecinas ambas de Yakarta.
 
Entre las victorias parciales en su lucha contra la Yemaa Islamiyya la policía indonesia anunciaba el 15 de junio de 2007 la detención del considerado máximo líder de la red, Zarkasih, en una operación en la que también caía su jefe militar, Abu Dujana. Pero el activismo de Yemaa Islamiyya perdura y su carácter transfronterizo preocupa en todo el mundo: a título de ejemplo, uno de sus activistas más buscados es Parlindungan Siregar (alias Parlin), un indonesio encuadrado en Al Qaida conocido por su capacidad inventiva - se le adjudica el diseño de un dirigible que cargado de explosivos puede ser empleado de noche y que la red aún no ha utilizado -, que vivió becado durante once años en España estudiando Ingeniería Aeronáutica y al que se le perdía el rastro en 2001 en Poso, en Sulawesi, donde dirigía un campo de entrenamiento terrorista.
 
Sulawesi es junto con Sumatra una isla de mayoría musulmana mientras que en Papúa Occidental o Maluku (antigua Molucas), islas más periféricas, la mayor parte de la población ha sido tradicionalmente cristiana. La penetración del yihadismo en el Sudeste Asiático en general y en Indonesia en particular se ha reflejado en un incremento de la inseguridad para esta última, unos 20 millones de cristianos entre una población indonesia de 235 millones: en abril de 2004 se produjeron choques entre cristianos y musulmanes en Maluku en los que 38 personas murieron, hubo más de 200 heridos y una universidad cristiana, dos iglesias y más de 200 casas fueron quemadas.
 
Filipinas
 
Aquí la isla meridional de Mindanao es el escenario tradicional del activismo yihadista. El 10 de octubre de 2006 una bomba segaba la vida de 12 personas y provocaba heridas a 42 en la ciudad de Makilala. Aunque en el país actúan también grupos comunistas las autoridades asignaron de inmediato el sangriento atentado al grupo de Abu Sayyaf o a la ubicua red Yemaa Islamiyya. Además, justo antes de producirse el atentado de Makilala, tanto los EEUU como Australia habían advertido de la inminencia de ataques terroristas yihadistas. Tras el 11-S los EEUU han contribuido “in situ” a reforzar la ofensiva antiterrorista en Filipinas - en la isla de Basilan, al suroeste de Mindanao - contra un activismo que ha venido sembrando de muertos diversas localidades del archipiélago: a título de ejemplo, en abril de 2002 una bomba mataba a 15 personas en la ciudad meridional de General Santos y en febrero de 2004 una bomba en un ferry en Manila provocaba 194 muertos.


 

 
Carlos Echeverría Jesús (Madrid, 26 de marzo de 1963) es Profesor de Relaciones Internacionales de la UNED y responsable de la Sección Observatorio del Islam de la revista mensual War Heat Internacional. Ha trabajado en diversas organizaciones internacionales (UEO, UE y OTAN) y entre 2003 y 2004 fue Coordinador en España del Proyecto 'Undestanding Terrorism' financiado por el Departamento de Defensa de los EEUU a través del Institute for Defense Analysis (IDA). Como Analista del Grupo asume la dirección del área de Terrorismo Yihadista Salafista.