Elecciones primarias y candidatos secundarios

por Thomas Sowell, 31 de diciembre de 2007

(Publicado en Townhall, 25 de diciembre de 2007)

Al parecer no hay nadie entre los demócratas ni entre los republicanos que vaya a causar una estampida sin control como la que destronó a todos los candidatos republicanos que iban en cabeza en 1940, cuando los delegados de la convención comenzaron a cantar en voz alta “¡Queremos a Wilkie!”
 
Es una lucha mantenerse despierto durante la mayoría de los llamados “debates” entre el pequeño ejército de candidatos en ambos bandos. Por lo menos las primarias pondrán punto final a semejantes espectáculos de espanto.
 
Es demasiado prematuro intentar adivinar quién va a ganar la candidatura para las presidenciales de cualquiera de los partidos. Lo máximo que podemos tener en este punto son algunas impresiones generales.
 
Ninguno de los candidatos parece verdaderamente inspirador en este punto. Yo no le compraría un coche usado a la mayoría de ellos, ni un flamante coche nuevo a algunos de ellos.
 
John Edwards es al que con mayor facilidad se le ve de qué va. Parece tan falso como lo que es.
 
Puede que su discurso sobre niños pobres yéndose a la cama hambrientos movilice a la extrema izquierda en su partido, pero en realidad la gente con los ingresos más bajos es más obesa que el resto de nosotros, pero no es que los hechos marquen la más mínima diferencia para el senador Edwards.
 
Como abogado, Edwards sacó con engaños millones de dólares a jurados crédulos usando la ciencia basura para crear la impresión que era culpa de los médicos cuando los bebés nacían con defectos congénitos.
 
Los republicanos, como de costumbre, parecen contar con más personas que serían buenos presidentes y no buenos candidatos presidenciales. Desafortunadamente para ellos, tenemos elecciones y no coronaciones.
 
Fred Thompson parece tener las mejores posiciones políticas y el mejor historial político entre los candidatos republicanos - pero la presentación menos eficaz de sí mismo.
 
Si el senador Thompson pudiera lograr contra pronóstico llegar a ser presidente, probablemente sería mejor que la mayoría de los que han pasado por la Casa Blanca en épocas recientes - aunque ésta no sea pródiga lisonja.
 
El único candidato en ambos partidos que verdaderamente luce presidencial es Mitt Romney. Ha sido deplorable que Mike Huckabee y otros hayan intentado convertir su religión en un problema.
 
Supuestamente John F. Kennedy había sacado ese asunto fuera de la política - y que Huckabee lo haya vuelto a traer a colación, lo descalifica para que tenga su oportunidad de postularse a la Casa Blanca, incluso si ignoramos las obras del gobernador Huckabee como los indultos al por mayor de criminales y las subidas de impuestos.
Romney y Giuliani son republicanos elocuentes y es raro que los republicanos tengan dos al mismo tiempo. En algunos años electorales para las presidenciales no tienen ni uno.
 
Si los historiales de Romney y Giuliani en el cargo van acorde con su capacidad oratoria, cualquiera de ellos podría unir y conducir a su partido a la victoria. Y ese condicional no es nada pequeño.  
 
Cuando de elocuencia se trata, nadie puede batir a Barack Obama. Él hasta puede convencer a la gente de que tiene nuevas ideas, cuando en realidad, son las viejas ideas de los años 60 que han fallado en repetidas ocasiones, desde aquella década irresponsable.
 
John McCain parece haber resurgido un poquito, pero es duro creer que los republicanos estén tan desesperados como para apoyar al hombre que se unió con el demócrata de extrema izquierda Russ Feingold para restringir la libertad de expresión en nombre de la “reforma financiera de las campañas” y con Ted Kennedy para patrocinar una ley que diese amnistía a los inmigrantes ilegales.
 
Y luego está Hillary Clinton, conocida anteriormente como la candidata “en cabeza” o como Hillary Clinton la “inevitable”. 
 
Duele verla tratar de actuar como ser humano y sería aún más doloroso ver a los Clinton volver a la Casa Blanca que deshonraron de tantas maneras.
 
Hasta podría ser tan desvergonzada de poner a su marido en el Tribunal Supremo, donde tendría capacidad para arruinar la ley del país, como muchos de sus candidatos a la judicatura ya están haciendo en las cortes federales.
 
En cuanto a los otros candidatos en ambos partidos, la gran pregunta es por qué se les está tomando tan en serio como candidatos a liderar la nación en un momento de peligros enormes en el que los terroristas terminarán consiguiendo armas nucleares, sea de Irán o de Pakistán.
 
Esta nación ha sabido resurgir de circunstancias poco prometedoras en el pasado. Esperemos que no hayamos agotado ya toda nuestra suerte.


 

 
 
Thomas Sowell  es un prolífico escritor de gran variedad de temas desde economía clásica a derechos civiles, autor de una docena de libros y cientos de artículos, la mayor parte de sus escritos son considerados pioneros entre los académicos.  Ganador del prestigioso premio Francis Boyer presentado por el American Enterprise Institute, actualmente es especialista decano del Instituto Hoover y de la Fundación Rose and Milton Friedman
 
 
©2007 Creators Syndicate, Inc.
©2007 Traducido por Miryam Lindberg