Esto va a doler

por Rafael L. Bardají, 31 de enero de 2020

Todos hemos oído esa frase más de una vez en el cine. Y ya sabemos qué es lo que va a pasar: Al protagonista le va a extraer una bala, o enderezarle una fractura, que él encara con una resignada valentía. Le duele, pero se salva. A nosotros nos va a doler cuanto haga este nuevo gobierno de inmorales, mentirosos, bravucones, envidiosos e insaciables. Como siempre, el dolor empezará por el bolsillo, bien porque en el paro deja de entrarnos dinero, bien porque si nos entra, nos lo arrebatan a impuestos; seguirá por el corazón, cuando nos quiten lo que amamos, de los hijos a los toros, pasando por un chuletón, el buen vino y el diésel y nos obliguen a subvencionar los muchos bodrios del cine español, el catamarán de la Thunberg y la vigilancia del casoplón de Galapagar; y acabará en la cabeza, cuando amordazados, gracias a la sumisión de la judicatura y la falta de respeto a las libertades individuales, tengamos que callarnos lo que de verdad pensamos. Ha pasado en muchos otros lugares y puede pasar aquí también. La izquierda odia todo cuanto no controla y por eso tiene que controlarlo todo para ser feliz. Aunque haga infelices a los demás. 

 

El dolor que se ve en las pelis es agudo pero breve. El nuestro va a ser más del estilo de la famosa “gota malaya” que te vuelve loco lentamente y cruel como la del nazi dentista que tortura con un torno a un perdido Dustin Hoffman en Marathon Man. Nos va a doler. Y mucho. Durante mucho tiempo. El ministro Ábalos ya nos lo ha advertido alto y claro: a pesar de ser cómplice de una delincuente internacional y haberla ayudado a evadir las sanciones de la UE en suelo español, “He llegado aquí y de aquí no me echa nadie”. Entre docenas de ministros, más secretarios de Estado, subsecretarios, cientos de directores generales y casi mil asesores nombrados a dedo, el Loctyte se debe haber agotado en todo nuestro suelo, porque no se van a despegar del poder así como así. Ni con agua hirviendo. El comunismo tarda mucho en disolverse.

 

Ante el dolor, el prota siempre se hace el machote, porque sabe que va a pasar. Pero ni la caballería polaca pudo contener a los panzers hitlerianos ni Leónidas y sus 300 detuvieron a los persas, por mucho que les recordemos con romanticismo. Pero no desesperemos, al fin y al cabo un apocado jefe Brody acabó con Bruce, el tiburón asesino de Spielberg y la asustadiza Sigourney Weaver carboniza al Alien en su papel de Ellen Ripley. Hay que plantar cara al monstruo, pero con inteligencia. Y que duela lo menos posible el menor tiempo posible. La alternativa es el infierno.