Gaza al natural

por Mark Steyn, 31 de julio de 2007

(Publicado en National Review, 17 de julio de 2007)

“Robaron casi todo”, se quejaba el portavoz de Fatah, Ahmed Abdel Rahmán, “incluyendo la medalla del Nobel de la Paz de Arafat”. Había algo bastante conmovedor en el saqueo de la residencia del difunto rais Arafat en la ciudad de Gaza a manos de lo más refinado de Hamas, y no solamente porque, como señalaba el blogger Maynard en la página web de Tammy Bruce, si Hamas hubiera esperado apenas un año o dos, los mandamases del Nobel habrían estado complacidos de dar a los colegas un Premio de la Paz propio. Tristemente, el último designado “socio de paz” de Israel tenía demasiada prisa por hacerse con su parte del pastel.
 
Será la primera de muchas indignidades que se apilan sobre la memoria del rais. En los próximos años, la arafatización del mundo del siglo XX debería ser un interesante caso de estudio acerca de la facilidad con la que las imaginaciones occidentales y el oportunismo árabe saben combinarse de maneras completamente desastrosas. Un buen punto de partida sería la célebre resolución de 1974 de la Liga Árabe declarando a la OLP de Arafat 'el único representante legítimo del pueblo palestino'. Los académicos se maravillarán ante el modo en que los reyes y dictadores de la región no sólo desplegaron este absurdo estandarte del asta de bandera, sino que persuadieron a todo el mundo en el planeta de rendirle pleitesía: Naciones Unidas empezó a tratar a Arafat como líder de una nación soberana, dándole estatus 'oficial' e invitándole a dar discursos. Fue un jefe de estado carente solamente de estado que encabezar, y al pasar por alto intencionadamente ese tecnicismo, la ONU subrayaba solamente su inevitabilidad.
 
Ser “el único representante legítimo” es una afirmación impresionante para una organización de apenas una década de antigüedad. Pero, al margen de eso, ¿cómo llega un grupo a ser 'el único' representante de un pueblo? En Afganistán e Irak, por ejemplo, entendimos que había múltiples representantes representando a diversas variantes de sus diversos pueblos. Pero en 'Palestina' era mucho más fácil. El discurso usual contra la mayor parte de naciones de Oriente Medio es que son invenciones artificiales de los administradores coloniales franceses y británicos de 1922. Puede que exista un Irak trazado sobre el mapa por Winston Churchill después de comer, pero no existe ningún 'iraquí', solamente sunitas, chi'ítas y kurdos. Pero en 'Palestina' es el escenario contrario.
Nunca ha existido un estado palestino, pero aún así aparentemente existe un pueblo palestino, completamente constituido y de una sola mentalidad y desfilando en formación detrás de su 'único representante legítimo'.
 
Ahora sabemos que éste no es el caso. Apenas picoteando al azar por las noticias:
Jamal Abí Jadián, un importante mando de Fatah, abandonaba su residencia del norte de la Franja de Gaza la noche del martes vestido de mujer... Cuando llegaba a un hospital a unos cientos de metros de su casa, era descubierto por un grupo de hombres armados de Hamas, que le persiguieron disparándole a la cabeza con armas automáticas. 'Literalmente le arrancaron la cabeza con más de 40 balazos', decía un médico.
 
También:
 
Mohamed Swairki, de 28 años, cocinero de la guardia presidencial del rais de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbás, era lanzado al vacío, con sus manos y piernas atadas, desde un edificio apartamentos de 15 plantas de la ciudad de Gaza el domingo.
 
Musulmanes que matan a musulmanes. Ni un judío en millas. De modo que, ¿de quién es la culpa? Jeremy Bowen, editor de Oriente Medio de la BBC y uno de los colegas que han estado explicando con autoridad a palestinos e israelíes a los espectadores británicos desde que puedo recordar, no tenía ninguna duda: la Autoridad Palestina 'ya había recibido un fuerte golpe por parte de las acciones militares de Israel a lo largo de los últimos siete años y, más recientemente, con el castigo de las sanciones financieras impuestas por Israel y otros países después de que Hamas ganase unas elecciones libres a principios del último año... Las sanciones financieras que impusieron, que provocaron severas dificultades y ayudaron a alimentar la violencia en Gaza desesperando aún más a la gente…” Etc.
 
“Severas dificultades'. 'Desesperación'. En la realidad, la 'ayuda' a los territorios palestinos se ha duplicado desde que eligieron a Hamas. Aparentemente dedican la mayor parte a sus milicias, la unidad de ataque defenestrador de cocineros y la madre, mas diversas 'causas islamistas'. Pero de nuevo, al igual que con la arcaica resolución de la Liga Árabe, lo interesante son las premisas detrás del análisis de Bowen: No importa qué depravación cometan, siempre es culpa de los demás. Si yo fuera uno de los muchos encantadores palestinos que uno se encuentra en París y Londres y Nueva York, no calificaría esto simplemente de condescendiente, sino de racista.
 
Pero eso es lo de menos. El hecho es que, para Bowen y compañía, 'el pueblo palestino' nunca fue nada más que extras anónimos con los que completar el decorado de su 'único representante legítimo' Arafat. En caso de que usted piense que exagero la arafatización de Occidente, tenga presente que uno de los colegas de la BBC de Bowen rompió a llorar al informar del fallecimiento del carcamal. Sus temas reales son claros y hasta menos sentimentales con los compinches mencionados de los cleptócratas, los socialistas seculares como Saeb Erekat o Hanán Ashrawi, ascendidos en la CNN a 'los representantes' del pueblo palestino. No representan a nadie. Pero fue absurdo asumir que en el vacío de su identidad arafatista oportunista iba a tomar forma algún día algo genuino: Hamas es la enésima sucursal del pan-islamismo de promoción iraní. No es una visión agradable pero, al contrario que la lucha pseudo-nacionalista promovida por Arafat, es real.
 
No obstante, si supone algún consuelo al difunto rais, el asesinato de sus partidarios forma parte de una magnífica tradición. El tío de Arafat, el Gran Muftí de Jerusalén y primer coloso 'nacionalista árabe' de la era moderna, lanzaba su revuelta contra los británicos en 1936. Para cuando se calmaron las cosas, había cientos de británicos muertos, cientos de judíos muertos, y miles de musulmanes muertos, la gran mayoría del último grupo asesinados por los hombres del Muftí como parte de la competición interna intra-musulmana por marcar puntos. 'Mata a los judíos dondequiera que los encuentres', le gustaba decir al Muftí, pero, con toda la retórica agitadora, encontraba mucho más fácil matar a sus correligionarios musulmanes. Ni siquiera en Palestina cambia algo.


 

 
 
Mark Steyn es periodista canadiense, columnista y crítico literario natural de Toronto. Trabajó para la BBC presentando un programa desde Nueva York y haciendo diversos documentales. Comienza a escribir en 1992, cuando The Spectator le contrata como crítico de cine, Más tarde pasa a ser columnista de The Independent. Actualmente publica en The Daily Telegraph, The Chicago Sun-Times, The New York Sun, The Washington Times y el Orange County Register, además de The Western Standard, The Jerusalem Post o The Australian, entre otros.
 
© Mark Steyn 2007