He visto cosas que no creeríais

por Rafael L. Bardají, 15 de noviembre de 2019

A diferencia de Roy Batty, el famoso replicante de Blade Runner, yo no he visto naves en llamas más allá de Orion ni rayos C brillar en las puertas de Tannhauser, pero si he visto cosas, como él, que no creeríais. Para empezar, a un presidente de gobierno en funciones convocar unas elecciones para perder apoyos; a un partido veleta sacudido inmisericordemente por los vientos y acabar estrellado; a unos sociólogos que prometían la recomposición del bipartidismo por la caída de los demás, que se han quedado sin palabras ni credibilidad; a unos medios de comunicación que ya no cuentan lo que pasa, sino lo que quieren sus dueños que pase, incapaces de distinguir entre verdad y sus ensoñaciones. Aún peor, con unos periodistas furibundos de que no se cumplan sus deseos; a unos políticos que cuanto más se alejan de una mayoría, más atención reclaman; también he visto muertos vivientes, unos pocos que lo saben que lo son y otros que aún guardan la esperanza de estar vivos.

 

Mucho se ha criticado a la película de Sir Ridley Scott por no acertar en los desarrollos tecnológicos que avanzaba. Su acción transcurría ahora, en pleno noviembre de 2019 y, es verdad, aún no contamos con coche voladores. Pero no es menos cierto que la angustia que transmitía su atmósfera negra y densa, sucia, de un futuro multicultural, de lenguajes mestizos, de hombres y robots que parecían humanos, de inmigrantes ilegales que son un peligro para la sociedad, en eso, acertó de pleno. Londres, Paris, Berlín y Madrid se parecen más a ese ficticio Los Angeles que a una urbe paradisiaca, feliz y segura.

 

Yo he visto a líderes decir que eran sus militantes quienes tenían que decidir sobre su futuro para, a las pocas horas, dejarles sin voz ni voto, en una fuga personal e intransferible; y también he visto a un presidente del PP afirmar que sólo él es el camino, la verdad y la vida, para recibir los fríos aplausos de las pocas docenas de fieles que se congregaban bajo su balcón, poco o nada presidencial. El mismo dirigente que decía representar lo opuesto a lo que su partido se había convertido, para más tarde asegurar que en realidad era lo opuesto a lo opuesto. Es decir, he visto giros que ni Einstein sabría explicar. En fin, he visto resucitar a los muertos y querer enterrar a los vivos, actos y deseos de desalmados.

 

Lo verdaderamente malo es que todas esas cosas deberían perderse cual lágrimas en la lluvia. Pero no lo harán de momento. Las malas ideas tienden a perdurar. Aunque no me creáis.