Irán: ¿qué quiere Obama?

por Rafael L. Bardají, 2 de diciembre de 2013

(Publicado en La Gaceta, 30 de noviembre de 2013)

 

 Desde su toma de posesión Barack Husein Obama anunció su deseo de crear una nueva relación entre América y el mundo islámico. Tras el acuerdo de Ginebra sobre el programa atómico iraní, parece estar a punto de culminar su sueño. Ahora, esta nueva etapa no está libre de importantes costes.

Para empezar, su estrategia pasa por recolocar a Irán en el centro de toda la zona del Golfo y tal vez hasta el Levante. Para eso, Obama ha entablado conversaciones secretas con Hezbolá en Líbano, legitimando una organización listada por su Departamento de Estado y por la UE como terrorista; ha aceptado no intervenir en la guerra civil en Siria y ha hecho suyo el plan de Putin de estabilización de Bashar el Asad; está dispuesto a consentir un Gobierno pro-iraní en Irak; y, además, defiende que Irán preserve su capacidad de seguir enriqueciendo uranio, convirtiendo en un derecho algo que la ONU, había negado hasta ahora.
Es más, todo esto lo hace a pesar de perder por ello la confianza de sus dos principales aliados históricos en la región, Israel por un lado y Arabia Saudí por otro. El primero no puede estar de acuerdo en dejar a Irán con la capacidad de retomar su programa armamentístico de la noche a la mañana; mientras que el segundo rechaza de plano que Irán se convierta el principal poder en la zona, consciente de las ambiciones hegemónicas y revolucionarias del régimen de los ayatolas.
 
La Administración de Obama habló desde el principio de un gran compromiso con Irán, lo que llamaban un grand bargain. Nada había de malo si ese gran acuerdo se hubiera basado en un principio de reciprocidad, esto es, que todos cedieran en algo. El problema de lo que Obama está haciendo ahora es que sólo exige grandes concesiones por parte de los occidentales y muy poco o casi nada por parte iraní. Por ejemplo, el acuerdo de Ginebra, convirtiendo el régimen de sanciones en algo selectivo, aplicando unas y no otras, aliviando unas y no otras, lo que hace es, en realidad, poner en peligro todas las sanciones que tanto han costado poner en pie. Se dinamita en la práctica la única palanca de fuerza para influir sobre Teherán. Por el contrario, los iraníes no se ven obligados a renunciar a una sola de sus centrifugadoras, sólo a no aumentar el stock de uranio enriquecido en estos seis meses. Uranio al 3,5% de enriquecimiento suficiente para, de proseguir enriqueciendo, poder fabricar ya media docena de bombas. En Líbano, Siria e Irak, Irán tampoco pierde nada.

Obama pasará a la Historia como un gran unilateralista. Al menos en cuanto a concesiones a sus adversarios. Debería explicarnos qué es lo que ganamos con su actitud y sus prisas. Porque no está nada claro.