La formalidad de la Revisión Estratégica

por GEES, 23 de diciembre de 2002

La Revisión Estratégica de la Defensa no puede ser recibida más que positivamente, por una doble razón: es un ejercicio de educación pública, al mismo tiempo que sirve de instrumento de control sobre un aspecto de la política general del Gobierno. En ese sentido, la presentación en sede parlamentaria por parte del Ministro de Defensa, Federico Trillo, el pasado miércoles 18 de diciembre, de la Revisión Estratégica de la Defensa, no hace sino ahondar más en el carácter formal de la misma.
 
Ahora bien, las revisiones estratégicas se suelen hacer con dos motivos esenciales: justificar y alabar cuanto se ha venido haciendo hasta su redacción; o, adelantar unos cambios y novedades a ser desarrollados. La revisión estratégica española no hace ni una cosa ni la otra, sino un poco de todo y, en ese sentido, sufre de ambigüedades y paradojas que complican que pueda ser del agrado de todos. El Ministerio de Defensa ha argumentado que el texto que acaba de presentar se ha inspirado y sigue en buena medida el ejemplo británico de la Strategic Defense Review de 1997. Sin embargo, se parece mucho más al estilo de la americana, más conceptual que concreta. La revisión de Tony Blair fue el producto de dos realidades, una política, el cambio de gobierno tras década y media de conservadores en el poder, y otra estratégica, la modificación del escenario estratégico en los 90 y por eso resultaba un ejercicio necesario. Es más, precisamente por eso la SDR planteaba una nueva visión y un programa detallado de cambios y reformas, afectando tanto al volumen de las tropas, como a su composición, orgánica y equipamiento. En suma, era un programa de gobierno en materia de defensa.
 
La Quadrennial Defense Review norteamericana, cuya versión última es de septiembre de 2002, adopta un enfoque distinto de la británica. En primer lugar porque su realización es una imposición legal que tiene que satisfacer el Pentágono ante el Congreso, le guste o no; en segundo lugar, porque como parte de la política de transparencia en materia de seguridad y defensa, la QDR se ve complementada con otra serie de documentos también muy relevantes, como son la National Security Strategy o la National Military Strategy; por último, porque con la experiencia de la QDR del 97 parece haber sentado la tradición de que la QDR es una exposición filosófica de la defensa cuya traducción práctica se encuentra en los presupuestos de defensa, la auténtica expresión cuantificada de la política de defensa. De ahí que el conjunto de recomendaciones que avanza resulte bastante genérico, dejando un campo muy amplio sobre cómo ejecutarlas.
 
El principal problema de la revisión estratégica española es que, queriendo seguir el modelo británico, se queda muy corta en su plan de acción. De hecho, la única propuesta concreta que hace es la creación de un mando operativo conjunto dependiente directamente del JEMAD, acción cuyos presupuestos filosóficos entroncan en realidad con la Ley Goldwater-Nichols de 1987. Y, sin embargo, como ya ha señalado la oposición, no entra a discutir dos de los temas clave de nuestra defensa: el volumen de efectivos y los dineros de la defensa. La RED se parecería más a la americana en su grado de inconcreción, pero se distancia de aquélla en que no propone tampoco un rumbo muy innovador, puesto que como no ha habido cambio político, el informe del Ministerio de Defensa sólo puede continuar el programa iniciado por el PP en 1996. Es más, aunque sí ha habido una profunda transformación del entorno estratégico en el que nuestras Fuerzas Armadas deben moverse, la posible dirección que podría deducirse de los análisis de la RED española no concuerdan con el esfuerzo presupuestario que el Gobierno va a realizar en el 2003 en materia de defensa. Y, en ese sentido, no sigue el ejemplo americano donde las palabras se ven acompañadas de los cheques.
 
Así y todo, no deja de ser un paso más, tras la edición en el año 2000 del Libro Blanco de la Defensa, en la formalización de nuestra política de defensa, en la posibilidad de conocerla mejor y, por tanto, de analizarla y valorarla más adecuadamente.