La Jihad golpea de nuevo

por Rafael L. Bardají, 25 de agosto de 2017

(Publicado en Expansión, 18 de agosto de 2017)

 

El atentado del mes al que estábamos acostumbrados en Europa, ha tenido lugar de nuevo en España. Desde el 11-M no se había producido ningún ataque del terrorismo islámico, pero para todos los expertos, era cuestión de tiempo. Por un lado, la jihad se pasado a los ataques de baja intensidad, recurriendo en numerosas ocasiones al mero atropello con vehículos, coches privados o de mercancías. Por otro, el llamamiento por parte de dirigentes del Estado Islámico a que todo “buen musulmán” atente contra infieles, especialmente americanos y europeos, con lo que tenga a mano, no es una amenaza abstracta o baladí, sino una incitación para muchos. Finalmente, otro elemento nos debía haber alertado sobre la vulnerabilidad del momento actual: la presión militar sobre el Estado Islámico en Irak y Siria, así como su previsible caída, más que una derrota total del grupos traerá una nueva fase de terrorismo puro y duro.

Europa tiene un grave problema con el jihadismo: se tiende a pensar que los terroristas son perturbados que actúan sin razón alguna. Es más, tanto en Alemania como en Francia, la policía ha dejado de dar los nombres de asaltantes cuando son musulmanes con la bonita intención de no provocar sentimientos raciales o xenófobos, en medio de grandes divisiones y protestas por la inmigración descontrolada que estamos viviendo desde 2015. Y en España la ceguera es más acusada: el 11-M está instalado en nuestra conciencia colectiva como un castigo a un gobierno demasiado activo en la arena internacional. ¿No lo probaría el hecho de que sean Francia e Inglaterra las naciones más castigadas por la jihad? Pues no. Si en España no ha habido ningún atentado desde 2004 hasta ahora se ha debido en gran parte por las múltiples operaciones por parte de los cuerpos de seguridad del Estado contra jihadistas. Gracias a lo que se han llamado “detenciones preventivas” se han podido desbaratar multitud de planes de ataques así como detener a casi dos centenares de jihadistas en suelo español.

España es un objetivo de la jihad, bien por parte del Estado Islámico, quien nos incorpora en su mapa, o de Al Qaeda, quien hace continuados llamamientos a recuperar Al Andalus. Y salvo que nos retrotraigamos a los días de Rodrigo Díaz de Vivar, poco importan los actuales gobiernos, lo quien hagan o dejen de hacer, para los impulsos de los jihadistas.

Que haya sido ahora en Barcelona y no en otro lugar de España, puede ser casualidad. Aunque cuando se llevan a cabo las investigaciones policiales, poco espacio queda para el azar. Así, de los 186 detenidos por jihadismo en los últimos cuatro años, 50 lo han sido en Cataluña. y de éstos, 45 en Barcelona. ¿Por qué? Para empezar, porque alberga una importante población de origen magrebí y pakistaní, de fe musulmana. Y cuando barrios enteros pasan a ser controlados por el islam, bien sabemos por el ejemplo de otros países, la jihad surge y tiende a crecer. No se trata de culpabilizar a todo musulmán, pero esa es una realidad incontestable. Los llamados “lobos solitarios” acaban siempre por tener docenas de amigos y familiares que les albergan y ayudan; y los jihadistas apenas se convierten al terrorismo vía internet únicamente, sino que lo hacen en un proceso lleno de contactos personales. 

La amenaza, además, se agrava con la vuelta de islamistas que han batallado en Siria. Unos 5.000 musulmanes europeos viajaron a la zona para unirse a una u otra facción en guerra, la mayoría en las filas del Estado Islámico. Con pasaporte español unos 205, que se sepa. Muchos han regresado y por lo que se sabe, no con muy buenas intenciones. de los 40 españoles que han vuelto de Siria, 35 están ya en la cárcel. El descontrol del fenómeno de los refugiados no hará sino agravar la amenaza del islamismo radical y del jihadismo.

Ni Europa ni España se pueden permitir ya continuar con la política del avestruz. Es hora de que nuestros dirigentes digan la verdad y de hacer posible, así, que la sociedad se prepare para lo que viene, enfrentrarse al jihadismo y poder prevalecer. Lo contrario, es hacernos carne de los macabros planes de la jihad, que siempre golpea de nuevo.