No diga aranceles; diga la trampa de Tucídides
por Lucio Cornelio, 19 de abril de 2025
Súbitamente sólo se habla de aranceles. La demagogia y la propaganda abundan. La explicación se ausenta. Es esta.
Hace muchos años, Ross Perot hizo campaña entre los dos partidos defendiendo una economía nacionalista, verbigracia, aranceles, sobre la base de la pérdida de poder adquisitivo entorno a los Grandes Lagos por la competencia entonces fundamentalmente japonesa. Por aquella época, Donald Trump, aparte de aparecer en “Sólo en casa” para ayudar a orientarse a Kevin McAllister (interpretado por Macaulay Culkin), ya venía pensando los mismo sobre el tema.
El asunto viene de lejos y se remonta a los daños económicos y sociales vividos en la zona de los Grandes Lagos en los ochenta.
Algunos libros explican la necesidad de cambio de modelo económico. Está, para empezar, el clásico del austriaco Friedrich List: “Sistema nacional de economía política”. Una defensa del proteccionismo como un arma económica más. Seguidamente, hay que echarle un ojo a “No trade is free” del anterior negociador de tratados comerciales de Trump, primer mandato, Robert Lighthizer. Deduce que el déficit comercial es esencialmente una transferencia de la propiedad de los bienes tangibles de la sociedad deficitaria a la, o las, sociedades que detienen el superávit. Por ello, su mantenimiento a largo plazo, supone la entrega de los bienes de una nación a los extranjeros. Se debe consultar también a Giovanni Arrighi en su “Adam Smith en Pekín. Orígenes y fundamentos del siglo XXI”. Sostiene que los Imperios vacían su núcleo de producción para entregarse al final a un consumo que los liquida. Por fin, y es lo esencial porque este es un tema mucho más moral, cultural y religioso que económico, hay que entender lo que cuenta JD Vance en “Elegía rural”. Es el equivalente contemporáneo en la historia de las ideas al discurso de Gettysburg de Lincoln o la Oración fúnebre de Pericles. El ensalzamiento de la generación precedente sobre la que se funda la libertad que nos queda, con la intención de preservarla y acaso continuarla en el futuro.
A la luz de lo anterior y añadiendo a esas recomendaciones, la famosa “Guerra del Peloponeso” de Tucídides, se puede empezar a decir algo con sentido de lo que está pasando. De esta obra clasiquísima, que, por cierto, es fundamento del pensamiento neoconservador americano y que por tanto no coincide con la caricatura de él que supone su identificación con la figura de Victoria Nuland o el Blob del poder establecido en la diplomacia americana de ambos partidos que tanto critican los adeptos de Trump, se deriva la teoría del poder ascendente y el poder descendente. De acuerdo con ella, cuando hay en el mundo estos dos poderes, se llega, casi fatalmente, al resultado siguiente: uno de los dos ataca para tomar el poder total. O bien el primero cuando se considera preparado o bien el segundo antes de que sea tarde. Se llama a este fenómeno la “trampa de Tucídides”.
Estando pues en esto el mundo, irrumpe el genio de Pedro Sánchez.
Sacando un rato libre de la tarea titánica de “resignificación” (sic) del Valle de los Caídos, viaja a China para fastidiar a la “Internacional reaccionaria” y de paso derrotar una vez más a Franco, apoyando al marxismo y la aniquilación de la civilización cristiana. Al tiempo, idea una represalia letal contra el gobierno de Trump, porque por razones obvias, es su enemigo ideológico mientras el partido comunista chino es, también evidentemente, su aliado natural.
La represalia es, también respondiendo a una lógica inapelable, al mismo tiempo ilegal, un arancel encubierto adicional y un impuesto para los españoles. Es decir, su objetivo último no es dañar a Trump, contra el que no puede nada, sino lastimar más aún a España, como siempre.
Bajo la forma de avales o créditos o préstamos o vaya usted a saber qué porque no estamos a una mentira más o menos, pretende subvencionar a aquellos que exporten a USA y por tanto deban pagar arancel.
Esto es ilegal porque, para bien o para mal, la política comercial común es competencia exclusiva de la UE a la que tanto dicen amar. Es secundariamente ilegal porque esta misma UE se basa por esencia en la prohibición de las ayudas de Estado que, por su naturaleza, distorsionan la competencia que teóricamente vigila su amiga Teresa Ribera. Cierto es que es un régimen repleto de excepciones, lo que no quita, primero, que le toque a la UE concederlas y, segundo, que sea un atentado al ordenamiento jurídico superior, es decir al Estado de Derecho hoy vigente en la materia por nuestra pertenencia a la UE. Pero a quien basa su mando en la ley de amnistía esto le debe parecer, claro, un chiste.
Esto es además uno de esos aranceles o medidas de efecto equivalente que tanto critican. En efecto, si se subvenciona a una empresa que exporta a USA un producto x, es evidente que el fabricante de ese producto x en USA es lastrado por el monto exacto de esa misma subvención. Y, de nuevo, aquí las restricciones a la importación o los aranceles los fija la UE porque nosotros le hemos entregado la competencia en la materia.
Por último, lejos de buscar dañar a Trump, a quien podría dañarle que se exportara el producto x a un precio superior por el arancel y que el consumidor USA sufriera la inflación, lo que hace es dañar al españolito. En efecto, dando la razón al secretario del Tesoro homosexual de Trump, en un claro ejemplo de homofobia, tras los numerosos ejemplos de machismo criminal que viene dando el gobierno más feminista de la democracia, que dijo: “se los van a comer”, refiriéndose al importe de los aranceles y a las naciones exportadoras, pues nos los vamos a comer. Porque lo que supone que se subvencionen es que se financian con impuestos o deuda, impuesto diferido. Es decir, que el contribuyente español es el que se convierte también en contribuyente al Tesoro americano. Por si no tenía bastante con lo suyo.
Mientras tanto, los gobernantes adultos que procuran velar por los intereses de sus naciones, incluyendo al maoísta Xi, pero, como vemos, excluyendo al maoísta Sánchez o bien negocian por los conductos legales la reducción de las tasas o bien recogen el guante de una guerra por el control mundial. Así, China, que lleva desde la masacre de Tiananmen y su entrada en la OMC, que fue el premio que otorgó Bill Clinton al intento exitoso del partido comunista chino de salvarse de la quema de la Caída del Muro de Berlín, intentando devolverle a Occidente su “siglo de la humillación (1850-1950)”, añade a su aniquilación de USA por el fentanilo, la actual guerra del opio, la presión sobre su deuda soberana insostenible.
Esta confrontación es la materialización de la “trampa de Tucídides” en la que Trump ha golpeado primero para evitar la pérdida del control mundial, la aniquilación de su nación y la muerte de sus compatriotas.
Lo que esgrime Sánchez para protegernos en este mundo turbulento es un aval del ICO. Queda el consuelo de ser una pequeña contribución a los americanos en su cruzada por la civilización occidental. Los malvados, en efecto, se pierden en sus propias maquinaciones