Perdedores y perdidos

por Rafael L. Bardají, 17 de junio de 2019

De atenernos a los medios de izquierda (la mayoría) Vox habría logrado un enorme empuje a tenor de los pactos con PP y la aquiescencia de Ciudadanos, incrustándose en las instituciones y ganando una significativa cuota de poder. Leyendo la prensa del domingo, como que el Apocalipsis se acerca vertiginosamente de la mano del avance de la llamada “ultra derecha”. Por el contrario, si uno lee a los medios más conservadores, Vox sería el gran derrotado ya que, de momento, no logra estar de pleno derecho en ningún gobierno autonómico ni local y, sin embargo, ha cedido sus votos para aupar al PP y a C’s a las máximas responsabilidades autonómicas y locales. 

 

Está claro que ambas visiones no se pueden dar simultáneamente. De hecho, son contradictorias. Habrá quien diga que la virtud reside en el justo medio y que entre la nada y el todo se puede dar con una tercera opción: que Vox haya actuado con madurez, haciendo concesiones en las formas pero, en el fondo,  ganando cuotas de responsabilidad según su peso.

 

Está claro que en la política española hay mucho de desmemoria y bastante de postureo. Todos los cambalaches informativos valen con tal de salir ganador del envite electoral.  Así, por ejemplo, el PP pierde ayuntamientos, pero como gana población, ya es considerado ganador. Y que conste que yo considero que el gran ganador de estos comicios regionales y locales ha sido, sin lugar a dudas, el PP de Pablo Casado. Y digo bien, de Casado, no el PP de sus críticos, desde Juanma Moreno en Andalucía a Núñez Feijóo en Galicia.  En primer lugar, porque en contra de lo que se esperaba ha logrado convencer a Ciudadanos para seguir gobernando la Junta de Castilla y León. Cierto con cesiones en ayuntamientos, pero la presidencia autonómica es la presidencia autonómica. Perder la región de donde proviene su actual líder, no era un buen trago para Génova; en segundo lugar, porque a pesar de todas las incertidumbres, al final el PP se ha llevado la doble joya de la Corona: el ayuntamiento y la presidencia de la comunidad de Madrid. Ambos una apuesta existencial para el actual equipo dirigente del partido y sin los cuales, los problemas se le hubieran acumulado exponencialmente, desde la crítica política interna, a lasa finanzas del partido. Génova puede estar muy satisfecha y vender su victoria, además, como un contrapeso regional y local a las fuerzas izquierdistas del gobierno de “cooperación” que se está formando. Esto es, echar a Carmena y retener la comunidad le puede servir al PP para alzarse de nuevo como el puntal de la oposición al gobierno, a pesar de su escasa presencia en el Congreso.

 

Ciudadanos me parece que es, claramente, el gran perdedor. No porque no obtuviera unos buenos resultados el día de las elecciones, que sin duda sí tuvo, sino porque se ha liado estrepitosamente en las negociaciones y me parece que no ha logrado sus objetivos. Si el sorpasso en las generales no acabó por producirse, el sorpasso en los poderes territoriales, tampoco. Pero esta vez no por una cuestión de números, sino de una mala táctica y una estrategia titubeante y confusa. Para desbancar al PP como número uno, C’s sólo podía acercarse a dos fuerzas políticas, PSOE y Vox. A la primera la descartó con el “no es no” y a la segunda le impuso un cordón sanitario imposible de franquear. Así que en lugar de tener más cartas con las que negociar, se quedó solo ante un PP dispuesto a sacar la máxima tajada, porque les iba la vida en el intento. En suma, que Begoña Villacís desciende a un  segundo plano y Aguado se contenta con presidir la asamblea regional de Madrid. Aún peor, en algunos sitios donde sí se hace con el poder, como en Melilla, las alianzas forjadas son tan inexplicables como tóxicas. Además de perdedor ahora, C’s me parece perdido en su rumbo estratégico.

 

Vox se enfrentaba a un doble reto: por un lado, evitar una salida a la “andaluza”, esto es, llegar a pactos con el PP para dar su apoyo a un gobierno de coalición PP-C’s; por otro, no contribuir a que la izquierda, tan enemiga de España como los separatistas, siguiera gobernando allí donde la suma de los tres, PP, C’s y Vox, podía conformar una mayoría. A Vox se le podrán criticar muchas cosas, pero no que sus planteamientos –para algunos maximalistas- hayan impedido desembarazarse de la izquierda. Cierto, no ha logrado esa foto a tres por la que ha luchado infructuosamente, pero ha forzado a C’s a un reconocimiento indirecto. 

 

El verdadero reto de Vox no está en el hoy y en saber si ha ganado cuota de poder o no. Ni está en el discurso de una izquierda rabiosa que sólo ve nazis en el ojo ajeno. No, el reto está en el discurso del ninguneo que desborda a los otros partidos a la derecha del PSOE y a la izquierda de Vox. Harán todo lo que esté en sus manos y en la de sus voceros mediáticos para hacer que se olvide que están donde están gracias a los votos de los representantes de Vox. Es más, Vox tendrá que hacer frente al relato de que si al final Vox no es más que la muleta del PP, mejor votar a los populares y que no dependan de nadie, sino que caminen bien por sus propios medios. La batalla se mide con fuerzas e instrumentos desiguales. Aún peor, con actitudes muy distintas. La política, por desgracia, no es un juego de caballeros.