Pimientas de Madrón

por Rafael L. Bardají, 22 de julio de 2021

 

Si yo fuera de Madrás, India, estaría muy preocupado por la competencia desleal que plantea el gobierno socialcomunista español y su empeño en imponer el unigénero lingüístico. Así, los famosos pimientos de Padrón pasarían a ser conocidos como pimientas de Madrón, eclipsando la riqueza y la fama de las especias de Madrás. Y todo por un real decreto ley de limpieza lingüística.

 

Sé que este arranque es más digno de La Gallina Ilustrada (DEP) que de este medio, pero es que vivimos en un país al que sus gobernantes y buena parte de la oposición están llevando a tanto dislate que ni el más visionario de los surrealistas pudo imaginar jamás.

 

No solo un presidente pillado en un fraude de su tesis doctoral se niega a plantearse una honrosa dimisión, lo normal y esperado en otras latitudes; o una vicepresidenta que se inventa tres títulos de educación superior que nunca hizo y que borra de un plumazo de su web oficial al ser descubierta su impostura; también una ministra de justicia que se rebela en sus comentarios contra una sentencia del Tribunal Constitucional porque ésta no encuentra amparo legal alguno a los confinamientos que impuso su gobierno para hacernos creer que se luchaba eficazmente contra la pandemia. En todos los casos hay una coincidencia: mienten y se escudan en más mentiras. Es más, hay todavía algo peor y que caracteriza siempre al socialismo: sus defensores nunca tienen nada por lo que pedir perdón, tamaña es la creencia en su superioridad moral.

 

Mientras muchos se obsesionan con combatir el globalismo, lo que está teniendo lugar de manera acelerada es la “chinificación”  del mundo occidental. Esto es, un sistema económico construido sobre un capitalismo autoritario, en el que los beneficios de la economía se lo quedan los dirigentes y las grandes corporaciones, mientras que el socialismo real y la represión se aplica inmisericordemente al resto de mortales. La sociedad estaría hipervigilada gracias a las nuevas tecnologías  y sometida mediante el miedo y la supresión de la disidencia, a lo 1984. Un mundo basado en la mentira, el cinismo, amoral y cuyos valores primordiales serían la pasividad y la integración en tu tribu identitaria sobre y contra todas las demás.

 

Suena a distopía, aunque en realidad es una nueva edad oscura donde la tecnología y el lavado de cerebro mediante una educación que dicta lo que es verdad y correcto, sustituyen al potro de tortura y la hoguera. Pero no por eso es menos Edad Media. Solo que al poder del Papado -y perdónenme la expresión- le sustituye el poder de la Mamada.  Esa fuerza irresistible que transforma cuál alquimia los pimientos en pimienta y Padrón en Madrón.  Amén de otras muchas sandeces, pero no por ello menos peligrosas. La izquierda es la nueva inquisición y tienen las antorchas listas para prender las hogueras.