Sáhara Occidental: independencia, paz y seguridad

por Carlos Ruiz Miguel, 14 de noviembre de 2006

(Publicado en Cuadernos de  Pensamiento Político nº 12 (2006), p. 151-179.)
 

La política exterior en torno al Sáhara Occidental se construye sobre una alternativa. Las dos opciones son: o apoyar la legalidad internacional -y, consecuentemente, defender la autodeterminación del pueblo saharaui- o alinearse con la violación del derecho internacional sosteniendo o justificando la anexión del territorio sin celebrar el referéndum de autodeterminación del Sáhara Occidental. La anexión, en sí misma, no es una opción ilegal o descartable, siempre y cuando sea fruto de una decisión libre y democrática del pueblo saharaui. En efecto, de acuerdo con el Derecho Internacional de la descolonización, la autodeterminación no significa otra cosa sino la posibilidad de que el pueblo colonizado pueda elegir libre y democráticamente entre varias propuestas: plena integración en la metrópoli, libre asociación con la misma, asociación con otro Estado o independencia. Sin embargo, la vertebración de una política exterior en torno a la autodeterminación es necesaria, pero no suficiente. Esto es así por dos motivos. En primer lugar, una política organizada en torno a la autodeterminación debe tener preparada una respuesta para el supuesto de que la metrópoli, contraviniendo el Derecho Internacional, bloquee el imprescindible referéndum de autodeterminación. En segundo lugar, una vez que se produzca la eventualidad de la autodeterminación y el pueblo saharaui pueda optar entre varias opciones: ¿cuál de ellas debe apoyarse?
 
En este trabajo se pretende argumentar que la independencia del Sáhara Occidental es la solución razonable ante la negativa del ocupante a permitir la celebración del referéndum de autodeterminación. Además, se sostendrá que, en el supuesto de que ese referéndum de autodeterminación se celebre, existen poderosas razones para apoyar, de entre las diversas opciones posibles, la de la independencia. Esas razones estriban en las siguientes consideraciones: primero, que la independencia del Sáhara Occidental es la única solución para conseguir la estabilidad del norte de África afirmando de modo indiscutible la intangibilidad de las fronteras  heredadas del colonialismo, y penalizando, por ende, la alteración de las mismas por la fuerza; segundo, que la independencia del Sáhara Occidental permitirá a Occidente gozar de un aliado fiable en el norte de África; tercero, que la independencia del Sáhara Occidental es la única solución para obtener la paz y la estabilidad en el interior del Sáhara Occidental; cuarto, que la independencia del Sáhara Occidental es un elemento imprescindible para España por cuanto no sólo garantiza las fronteras de Ceuta, Melilla y los islotes, sino que diluye la reivindicación marroquí sobre el territorio español en Canarias; quinto, que la independencia del Sáhara permitiría cerrar la amenaza migratoria que presiona a España a través de Canarias; sexto, que la independencia del Sáhara Occidental, al tener como origen un referéndum, que es el instrumento democrático por excelencia, no sólo desencadenaría el proceso de la democratización de Marruecos, sino que además haría surgir una república cuyo principio básico no podrá ser un título “divino” o religioso, sino la democracia; y, séptimo, que la independencia del Sáhara Occidental introducirá un cortafuegos en la peligrosa expansión del islamismo marroquí impidiendo su extensión a una zona estratégica.
 
I. RAZONES TÁCTICAS PARA LA INDEPENDENCIA.
 
La legalidad internacional estipula con absoluta claridad que la cuestión del Sáhara Occidental es un asunto de descolonización que debe resolverse mediante el ejercicio del derecho de autodeterminación que corresponde al pueblo saharaui. Pero la cuestión es, ¿cómo se lleva a la práctica el referéndum de autodeterminación? De acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas existen dos posibles vías: la del acuerdo entre las partes (en el marco del capítulo VI de la Carta de las Naciones Unidas) o la de la imposición a las partes de la solución (según estipula el capítulo VII de la Carta).
 
En el caso del Sáhara Occidental, la primera vía se ha ensayado ya. Las dos partes negociaron y pactaron en 1988 los acuerdos de paz, que fueron avalados por el Consejo de Seguridad en 1990 y 1991. Más adelante, las dos partes negociaron y pactaron los acuerdos de Houston, que fueron igualmente convalidados por el Consejo de Seguridad en 1997. Y dos años después las dos partes volvieron a negociar y pactar otros acuerdos relativos al procedimiento de apelaciones contra la exclusión del censo de votantes en el referéndum, que nuevamente fueron endosados por el Consejo de Seguridad. Sin embargo, desde el ascenso de Mohamed VI al poder, en julio de 1999, Marruecos decidió incumplir los pactos con el Frente Polisario que fueron convalidados por el Consejo de Seguridad. En este momento, el Marruecos de Mohamed VI rechaza abiertamente la celebración del referéndum de autodeterminación.
 
Ante el bloqueo provocado por la negativa de Marruecos a seguir negociando con el Frente Polisario y a cumplir lo pactado, James Baker propuso, en 2003, que las Naciones Unidas gestionaran el asunto del Sáhara Occidental a partir del capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas. La ONU aprobaría el procedimiento de descolonización sin contar con el consentimiento de las partes. Los Estados Unidos (EE.UU) presentaron un proyecto de resolución en ese sentido. Sin embargo, esa vía de solución fue abortada cuando España, haciéndose eco de los temores marroquíes, pidió a EE.UU. que no emprendiera el camino del capítulo VII[1]. Por tanto, el capítulo VII sigue siendo una vía posible de solución no explorada.
 
El problema entonces es el cómo hacer efectiva la autodeterminación del pueblo saharaui si, por un lado, la vía de las negociaciones directas entre las partes (capítulo VI de la Carta) es inútil al negarse una de las partes (Marruecos) a negociar y, por otro, se elude la vía de la imposición coactiva de una solución (capítulo VII de la Carta). Ante esta situación de bloqueo, la única vía posible es el reconocimiento de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) como Estado independiente.  Este es el camino que tomó Sudáfrica al reconocer a la RASD. En la carta (1-VIII-2004) que el presidente sudafricano Mbeki dirigió al rey de Marruecos[2], se expresa con toda claridad este argumento. En efecto, cuando Sudáfrica anunció su decisión de reconocer a la RASD, Hassán II pidió a este país que reconsiderara su decisión, como también llegó a hacer el entonces Secretario General (SG) de la ONU, Butros Gali. El argumento es que había que dar “una oportunidad” a las negociaciones directas auspiciadas por el Consejo de Seguridad y el SG de la ONU y que el reconocimiento de la RASD minaría las negociaciones en curso. Sin embargo, el presidente sudafricano dice en esa importante carta que la situación ha cambiado sustancialmente tras la respuesta oficial enviada por Marruecos al “plan Baker II”. En efecto, en la carta del ministro de Exteriores Benaissa al SG de la ONU de 9 de abril de 2004 (nada más producirse el cambio de gobierno en España) se excluye la opción de independencia de un referéndum de autodeterminación y se considera que la “soberanía” marroquí sobre el territorio no es “negociable”. Ahora bien, como bien dice el presidente Mbeki, la respuesta oficial de Marruecos contenida en la carta de 9 de abril de 2004, constituye una denegación de la autodeterminación del pueblo saharaui violando así la legalidad internacional, además de una ruptura del compromiso libremente asumido por Marruecos de celebrar un referéndum de autodeterminación. A la luz de esa carta, Mbeki considera que Marruecos no tiene ninguna intención de respetar el derecho del pueblo saharaui a determinar libremente su destino, por lo que el no reconocimiento de la RASD en ese contexto significaría un abandono del apoyo a la autodeterminación.
 
II. RAZONES ESTRATÉGICAS PARA LA INDEPENDENCIA.
 
1. LA INDEPENDENCIA, DEL SÁHARA OCCIDENTAL, CLAVE DE LA ESTABILIDAD EN EL MAGREB.
 
1.A. Causas de la inestabilidad en el Norte de África.
 
1. Hace 29 años, Hassán II consiguió conjurar las gravísimas amenazas que amenazaban su trono mediante la invasión del Sahara Occidental. Aunque a menudo se diga que tal ocupación fue “pacífica”, lo cierto es que se trató de una invasión militar en toda regla pues conviene recordar que mientras en la frontera noroccidental del territorio entraban en el Sahara los integrantes de la “Marcha Verde” (con apoyo logístico del Ejército, no se olvide), en la frontera nororiental lo hacía el Ejército marroquí matando a los saharauis que se oponían en su camino. Ya en aquel momento la invasión del Sáhara estuvo a punto de provocar una guerra de grandes dimensiones. Argelia afirmó que la ocupación marroquí del Sáhara sería considerada como casus belli; sin embargo, Marruecos ocupó el territorio y Argelia decidió no ir a la guerra. Con aquella operación, diseñada por los Estados Unidos[3] (aunque Hassán dijera que se la inspiró Alá en un sueño), se consiguió el objetivo de dar a su régimen un triunfo exterior que permitió silenciar la oposición interior. Sin embargo, aquella “solución” se demostró un fracaso. ¿Por qué? Por varias razones. La primera es que Hassán, en lugar de aprovechar tan favorable situación para acabar con las causas internas de la inestabilidad de su régimen y poder impulsar a su país hacia el futuro, lo que hizo fue agravar aún más todas esas causas de la inestabilidad interna y además crear un foco de inestabilidad externa.
 
2. Las dos grandes causas internas de la inestabilidad política de Marruecos eran la tiranía y la corrupción. Ambas no hicieron sino agravarse tras la entrega del Sahara.
 
2.A. En primer lugar, la tiranía política. En efecto, con la entrega (que no 'devolución', pues nunca Marruecos lo poseyó antes, como dictaminó el Tribunal Internacional de Justicia) del Sahara, Hassán acentuó más, si cabe, su política criminal (torturas, 'desapariciones' y represión) ensañándose de forma muy en especial (aunque no únicamente) con los opositores saharauis. El nuevo triunfo exterior también le permitió ejercer su  represión contra los opositores internos marroquíes que se hallaban en cárceles secretas  de triste recuerdo. Las violaciones masivas de derechos humanos realizadas por Hassán II (los “años de plomo”) son indiscutibles y han sido reconocidas oficialmente por la Instancia Equidad y Reconciliación que instituyó Mohamed VI[4].
 
Junto a las violaciones masivas de derechos humanos, Marruecos se ha caracterizado por una falsificación permanente de la democracia. Ni qué decir tiene que el fraude sistemático y masivo de las 'elecciones' que se celebraban en Marruecos no mereció el más mínimo reproche en Occidente, lo cual no pudo dejar de animar al Rey a continuar con estas prácticas. Con su sucesor, Mohamed VI, poco ha cambiado. Las prisiones secretas siguen existiendo, pero en otro lugar. Los asesinatos de manifestantes, las torturas y los encarcelamientos arbitrarios persisten.
 
2.B. En segundo lugar, la corrupción. En la nueva situación Marruecos recibió cuantiosas ayudas económicas de sus aliados para afrontar la guerra del Sahara así como apoyo político para recibir ingentes cantidades de España, Francia y la Unión Europea en concepto de 'ayudas'. Es notorio que de toda esta inmensa cantidad de dinero la inmensa mayoría fue a parar a los bolsillos del Rey, mientras muy poca benefició al pueblo marroquí que se empobrecía aún más. Y todo ello por no hablar de la pavorosa corrupción moral del Rey (mantuvo un harén hasta su muerte), de sus depravaciones sexuales, de sus gustos por el sadismo, etc. Con su sucesor, Mohamed VI, todo continúa igual. Apenas cambian los gustos sexuales o de ocio del rey que, eso sí, ha clausurado el harén real.
 
3. Junto a estas causas internas de inestabilidad, la ocupación del Sáhara es producto y causa generadora de inestabilidad externa en la región.
 
La ocupación del Sáhara es una consecuencia más de una causa que es la ambición expansionista de Marruecos, es decir, el proyecto del “Gran Marruecos” formulado por Allal El Fassi, fundador del partido nacionalista marroquí Istiqlal, y asumido por los sultanes. Según este proyecto, las fronteras “auténticas” de Marruecos engloban territorios españoles,  argelinos y de Mali, además de todo el Sáhara Occidental y toda Mauritania. Ha sido Marruecos y únicamente Marruecos el único Estado del noroeste africano que ha iniciado guerras de agresión contra sus vecinos o ha defendido políticas agresivas frente a los mismos. El proyecto imperialista del “Gran Marruecos” (la semilla de la inestabilidad del Magreb) se encuentra consagrado en el artículo 19 de la Constitución marroquí de 1996 que establece que el Rey garantiza “la integridad territorial del Reino en sus fronteras auténticas”. Esta referencia a las “fronteras auténticas” (las del “Gran Marruecos”) evitando hablar de las “fronteras internacionales” o internacionalmente establecidas tiene un alcance muy importante.
 
3.A. El proyecto imperialista marroquí ha causado conflictos con España, con Mauritania y con Argelia. Y a ello se ha añadido la entrega del Sáhara que supuso la creación de un  nuevo importante foco de inestabilidad en todo el Norte de África por cuanto suponía el visto bueno a ese proyecto expansionista.
 
En primer lugar, Marruecos no ha cesado de provocar conflictos contra España. Primero, con la guerra de agresión del Ifni-Sáhara de 1957-1958 en la que intentó anexionarse el Ifni y el Sáhara. Después, en la crisis de 1975 que condujo a la ocupación del Sáhara. En el 2001, reivindicó como propias las aguas de la zona económica exclusiva y de la plataforma continental española en Canarias con un argumento que anticipa una futura reivindicación territorial sobre todo el Archipiélago: las Canarias emergen de la plataforma continental marroquí. Finalmente, el 11 de julio de 2002 invadió militarmente la isla española de Perejil.
 
En segundo lugar, Marruecos dirige sus ambiciones  contra Mauritania. La guerra de 1957-1958 se intentó también para anexionarse Mauritania. Poco después, cuando Mauritania accede a la independencia en 1960, Marruecos se niega a reconocer a Mauritania como Estado independiente con los mismos argumentos utilizados para reivindicar el Sáhara. Sólo en 1970, diez años después de su independencia, Marruecos reconoció al Estado mauritano. Como ahora, también entonces Marruecos se opuso a reconocer el derecho de autodeterminación a Mauritania. La revista marroquí Tel Quel ha revelado que en 1960, Hassán, príncipe heredero del trono y jefe del Ejército planeó la invasión de Mauritania[5]. Cuando en 1999 ¡en 1999! el secretario de Estado de Exteriores mauritano se pronunció en la OUA a favor del reconocimiento de la RASD, el semanario cercano al poder, Maroc-Hebdo, publicó un artículo del autor del libro “oficioso” sobre la “marroquinidad” del Sáhara atacando la existencia del Estado mauritano independiente y reiterando los viejos argumentos de que Mauritania era un territorio marroquí[6].
 
En tercer lugar, contra Argelia. En 1963, Marruecos emprendió una guerra de agresión contra Argelia, la “guerra de las arenas” para anexionarse toda la franja suroccidental de ese país (la región en la que están Bechar y Tinduf) por considerarlo territorio marroquí, también aquí con los mismos argumentos utilizados para reivindicar el Sáhara. Marruecos aún no ha reconocido esas fronteras. Cuando a principios de 2002, se publicó la propuesta de partición del territorio, la prensa oficiosa del régimen marroquí (Le Matin du Sahara et du Magreb[7] y Maroc-Hebdo[8]) publicaron sendos artículos reivindicando ¡en 2002! esas zonas de Argelia. En julio, antes de que el Consejo de Seguridad estudiara de nuevo el caso del Sáhara Occidental, el ex primer ministro Ahmed Osman manifestó que el conflicto fronterizo marroco-argelino “no está cerrado” ya que los acuerdos marroco-argelinos de Ifrán, de 1972, no fueron ratificados por el Parlamento marroquí[9]. Este mismo importante personaje, en septiembre de 2004, volvió a insistir en la idea de que la región de Tinduf es “marroquí”[10].
 
3.B. La responsabilidad marroquí en el origen de la inestabilidad regional magrebí se encuentra fuera de duda. Las pruebas son abundantes.
 
En primer lugar, cuando Marruecos firma, como miembro fundador, la Carta de la OUA hace constar su reserva al principio de intangibilidad de las fronteras heredadas del colonialismo. Es la prueba documental de que Marruecos, y sólo Marruecos, es el factor de desestabilización territorial máxima en la región.
 
En segundo lugar, Marruecos se ha cerrado a sí misma las puertas a cualquier solución de compromiso en el Sáhara rechazando cualquier solución distinta de la anexión haciendo gala de una arrogante intransigencia.
 
3.C. Para llevar a cabo su proyecto imperialista Marruecos no excluye ningún medio. Desde la condescendencia con organizaciones terroristas hasta el recurso a la fuerza.
 
3.C.a. El deseo de mantener la ocupación del Sáhara es una de las causas de los movimientos islamistas terroristas que han asolado Argelia. Ha sido Marruecos quien les ha dado apoyo logístico. El propio ex ministro del Interior de Hassán y “número dos” del régimen, Driss Basri, en una entrevista ha revelado la pasividad marroquí ante el terrorismo islamista en Argelia. A ello se le suman otros datos anteriores[11]. Hassán II tácitamente lo admitió con aquella frase terrible: “dadme el Polisario y os daré el GIA”.
 
3.C.b. La radicalización marroquí es algo más que una “pose”. Da idea de la misma el espectacular rearme que ha efectuado en estos últimos dos años. Por un lado, Marruecos llegó a provocar un escándalo en Inglaterra al convencer al Reino Unido para que le vendiera una cantidad importante de armas ligeras para la lucha en el desierto. Por otro, Marruecos ha renovado su Ejército del Aire comprando 20 modernos aviones cazabombarderos F-16 con la financiación de sus tradicionales aliados: las corruptas e integristas monarquías del Golfo Pérsico. Estos aviones, y las bases en las que se pretende que operen, alteran sustancialmente el equilibrio regional pues el radio de alcance de los mismos abarca todo el Sahara, las Canarias, el oeste argelino. El rearme marroquí en este contexto parece dar a entender que Mohamed, asimilando las  enseñanzas de su padre, quiere jugar la política del chantaje: “o la entrega del Sahara o la guerra”. La consecuencia necesaria ha sido que Argelia ha llevado a cabo en 2006, como respuesta, uno de los contratos de compra de armas más grandes de la historia.
 
La primera opción, darle el Sahara, si antes de esta crisis ya resultaba dudosamente aconsejable (pues no iba a eliminar la inestabilidad provocada por la población saharaui independentista), después de la histeria colectiva nacionalista resulta aún menos probable. En efecto: ¿cómo va a avalarse la entrega del Sahara a un país que ya da muestras de abrir nuevos frentes reivindicativos territoriales en España y Argelia? ¿Cómo va a garantizar la “estabilidad” del Magreb el fortalecimiento de un Estado que ya anuncia la creación de nuevos focos de inestabilidad (Perejil, Canarias, Ceuta, Melilla, Bechar, Tinduf...)?
 
La segunda opción, ir a la guerra, buscada como aglutinador interno marroquí quizá tenga efectos contrarios a los esperados: la juventud que en época de paz se juega la vida en las pateras para huir de Marruecos, ¿va a quedarse en Marruecos para ir a la guerra? Una deserción masiva puede ser el inicio del fin del régimen marroquí. Es más, la súbita supresión del servicio militar obligatorio, en septiembre de 2006 hace que pierda efectividad esta opción.
 
4. El discurso promarroquí de la “estabilidad”, se ha visto cuestionado tras la publicación del informe del SG de 19 de febrero de 2002 que abría la puerta a una partición del territorio entre Marruecos y la RASD. La sola idea de una partición del territorio ha servido al Sultán marroquí para provocar una ola de histeria colectiva nacionalista (de la que, significativamente, han estado un tanto al margen los medios más democráticos y los islamistas). En medio de esta manipulación de masas, incluso se ha llegado a exhumar el proyecto del “Gran Marruecos” (que engloba territorios españoles,  argelinos y de Mali, además del Sáhara Occidental y Mauritania). Argelia y España se han visto demonizadas por el Majzén. Argelia, al parecer inspiradora de la idea de partición del territorio, ha pasado a convertirse en el “enemigo” por antonomasia. Para debilitar al “enemigo” argelino, Marruecos está intentando convencer a Túnez y a Libia para que con ella formen un frente común contra Argelia para obligar a ésta última a redefinir sus fronteras en beneficio de los otros tres países. En cuanto a España, la presión para intentar modificar su postura en la cuestión del Sáhara llegó al extremo de invadir una isla española, Perejil, violando así el statu quo. Mauritania, por su parte, manteniéndose escrupulosamente neutral de momento se ha visto exenta de estas pretensiones imperialistas de las que fue también objeto en toda la década de los sesenta; sin embargo, la resurrección del proyecto del “Gran Marruecos” no puede sino provocar lógica preocupación también en ese país.
 
1.B. La eventual entrega del Sáhara a Marruecos, causa de la inestabilidad en el Magreb.
 
En esta situación, hoy como hace 26 años se habla de la entrega del Sahara Occidental a Marruecos como única fórmula capaz de dotar de “estabilidad” al Magreb y, de esta suerte, hacer posible el desarrollo de sus potencialidades económicas. Sin embargo, no es fácil adivinar que si se otorga ahora a Marruecos este nuevo triunfo exterior, las causas de la inestabilidad interna marroquí y las de la inestabilidad externa del Magreb no desaparecerían. La entrega del Sáhara a Marruecos provocará un agravamiento de las causas de la inestabilidad política externa del Magreb.
 
1. Si Marruecos consigue quebrar el principio de intangibilidad de las fronteras heredadas del colonialismo y lo hace de este modo: es decir, mediante una guerra de agresión (como fue la de la ocupación del Sáhara) que no sólo no es castigada, sino que es “premiada”, es altamente probable que Marruecos se vea alentado a progresar en su política expansionista frente a España, Argelia y Mauritania. Es más, aunque el dato es general mente desconocido y pudorosamente ocultado por la cartografía de la ONU, el muro construido por Marruecos para apropiarse del Sáhara Occidental ocupa una pequeña porción del territorio mauritano. De ahora en adelante Marruecos ya sabe qué debe hacer para apropiarse indefinidamente de un territorio. Si el modo actual de apropiación del Sáhara es bendecido, será probable que Marruecos lo utilice en el futuro para ocupar Mauritania, Perejil, Ceuta, Melilla, las Canarias o el suroeste argelino, excepto si alguien le frena por la fuerza. Se está, por tanto, incentivando una guerra imperialista en la región.
 
2. Si Marruecos constata que la táctica de alimentar en su territorio grupos terroristas que operen en los Estados vecinos no es castigada, se encontrará un poderoso aliciente para hacer lo mismo con sus vecinos. Marruecos, no sólo apoya el terrorismo islamista que opera en Argelia, sino que actualmente apoya movimientos independentistas canarios y andaluces y ha llegado a comparar a ETA con el Frente Polisario: ¿pretende que ETA sea nuestro “polisario” por seguir con la “teoría” de Hassán II? Algo parecido puede hacer también, sin dificultad, en Mauritania pues Marruecos tiene excelentes relaciones con Senegal, de donde proviene una gran parte de la población negra que se encuentra enfrentada con la población árabe en Mauritania. Senegal y Mauritania mantienen un conflicto fronterizo que en 1988 degeneró en un enfrentamiento armado que comenzó en Diawara. El apoyo mutuo de Marruecos y Senegal, por tanto, se explica fácilmente desde la común apetencia sobre Mauritania. Es útil recordar que, para justificar su apoyo a Senegal durante esa crisis, Hassán II dijo que “Senegal es un país hermano y Mauritania un amigo”. No es menos conveniente recordar que a esta afirmación el Frente Polisario respondió, por boca de Abdelaziz, que iba a apoyar a Mauritania.
 
2. LA INDEPENDENCIA DEL SÁHARA OCCIDENTAL COMO GARANTÍA DE ESTABILIDAD EN LA ESTRATEGIA DE OCCIDENTE.
 
1. Desde mediados de los años noventa del pasado siglo se ha constatado una nueva circunstancia que en parte ha modificado el rumbo de los acontecimientos en un sentido favorable a la RASD. Estados Unidos parece adoptar una postura neutral ante el conflicto saharaui. Esta posición puede tener varias explicaciones que no son necesariamente excluyentes entre sí.
 
1.A. La primera sería moral y radicaría en el demoledor informe presentando el 25 de enero de 1995 ante un comité de la Cámara de Representantes de Estados Unidos por el embajador norteamericano y vicepresidente de la MINURSO, Frank Rudy[12], donde se denuncian sin tapujos todos los obstáculos marroquíes al plan de paz (Rabat ha impedido a la ONU contratar espacios publicitarios en la prensa para informar a la población saharaui de los territorios ocupados sobre el proceso de identificación; agentes policiales disfrazados de periodistas han grabado en video a los saharauis que se inscribían para el referéndum en los territorios ocupados, etc.) y la connivencia de la MINURSO con Marruecos. Rudy llegó a decir que en el Sáhara ocupado existía un clima de persecución contra los saharauis comparable al de Sudáfrica durante el apartheid.
1.B. La segunda consistiría en una mera operación de imagen. En efecto, el apoyo moderado al plan de paz, de un lado, no parece que tenga fuerza suficiente para alterar el statu quo, claramente favorable a Marruecos, y de otro, permite dar una cierta credibilidad al nuevo papel de gendarme internacional desempeñado por los EE.UU. tras la desintegración de la URSS.
 
1.C. La tercera explicación, de tipo político, estribaría en que los EE.UU., tras un detenido examen de la trayectoria de la monarquía marroquí tanto bajo la férula de Hassán como de su hijo, considera que es un aliado poco fiable y frágil. Un análisis de la trayectoria de Hassán, de sus alianzas y promesas, pudo haber llevado a la conclusión de que éste era demasiado listo, demasiado poco fiable y menos útil que en un principio. En efecto, el Tratado de Uxdá (1984) con Gadaffi fue una maniobra extraordinariamente inteligente por parte de Hassán que le rindió excelentes frutos a corto plazo en su lucha contra los saharauis. Ahora bien, en tal operación (fraguada en un momento de máxima tensión de EE.UU. con Libia a la que los americanos pretendían aislar) dejó en evidencia que le importaban mucho más sus propios intereses que los norteamericanos. Es decir, que llevando a las relaciones internacionales la soberbia despótica que ejerce en el interior de su país, se creyó que en el tablero internacional no era un simple peón (de los EE.UU.) sino que era rey: demasiado listo. Pero la frialdad con la que se apartó de sus compromisos con Occidente al pactar con el coronel libio y el descaro con el que rompió esa alianza abrió los ojos a los EE.UU. acerca de la escasa fiabilidad que tiene la palabra de Hassán: demasiado poco fiable. Por añadidura, el nuevo clima de paz que se ha ido imponiendo en las relaciones de los Estados árabes con Israel ha devaluado el concurso de Hassán: menos útil. Su sucesor, de momento, parece mostrar idéntica falta de credibilidad y de fiabilidad. Los agasajos al presidente ruso, Vladimir Putin, en su visita a Marruecos el 7 de septiembre de 2006, pudieran ser una prueba de ello.
 
1.D. Una cuarta explicación, económica, también política, radicaría en el cambio producido con la instauración del nuevo orden mundial. Tras la desaparición de la URSS y del peligro soviético, Argelia ha dejado de ser la amenaza que constituía antes. En las nuevas circunstancias, un Sahara marroquí puede tener más inconvenientes que ventajas, analizando la cuestión tanto desde la perspectiva económica como política.
 
Por un lado, Argelia está abandonando el socialismo y abrazando el capitalismo. Ello supone que también se pueden hacer (y de hecho se hacen) grandes negocios con Argelia. Nada indica que no ocurriría lo mismo con el Frente Polisario. Es más, el apoyo de la posición argelina y saharaui sería la vía para que EE.UU. iniciara una penetración ideológico-económica en un espacio no hollado por ellos hasta ahora. En unas circunstancias en que la RASD asumiría la economía de mercado sería peligroso dejar en manos de un Marruecos demasiado listo y poco fiable el monopolio mundial del mercado de los fosfatos.
 
Por otro lado, es evidente que Argelia, ante un asunto vital para su propia seguridad, se inclina hacia aquellos países más receptivos a las tesis que defiende, es decir, la independencia. Las contrapartidas estratégicas que puede ofrecer Marruecos a Occidente a cambio del apoyo a la anexión está claro que en ningún caso pueden estar a la altura de la riquísima Argelia. Si se apoyara una solución contraria a los intereses argelinos se correría el riesgo de abrir la posibilidad de penetración en ese territorio a potencias no occidentales a cambio de su apoyo en el conflicto del Sáhara Occidental. El mejor modo de integrar plenamente a Argelia y al Sáhara Occidental en un sistema de relaciones fluidas y estables con Occidente sería, por tanto, la independencia del Sáhara Occidental.
 
Quizá ello explique la relativa equidistancia de los EE.UU. En efecto, un Sáhara independiente haría mucho más fácil la construcción de un oleoducto que permita exportar al continente americano el petróleo argelino (y libio) sin tener que pasar por el Estrecho de Gibraltar.
 
2. La escasa fiabilidad de Marruecos no sólo se demostró cuando, obstaculizando la política de EE.UU., se alió con Libia en un momento de máximo enfrentamiento de ese país contra el Occidente debido a las actividades terroristas que ese Estado impulsó, pensando en conseguir más facilidades para la anexión. También se ha puesto de manifiesto con la estrechísima relación mantenida por Marruecos con Arabia Saudí, con el mismo objetivo. Pero de eso se hablará más adelante.
 
3. Precisamente para recuperar el apoyo de Estados Unidos, Hassán, primero, y Mohamed VI, después, han realizado varios viajes a Estados Unidos. No deja de ser llamativo que una de las últimas visitas de Hassán a Washington fuera en septiembre de 1991, meses antes de que Pérez de Cuéllar redactara su informe desvirtuando gravemente el Plan de Paz pactado entre las partes, como igualmente fue llamativo que visitara EE.UU. el 15 de marzo de 1995, en un momento clave para el desarrollo del plan de paz. En esa visita aprovechó para hablar también con Butros Gali. La monarquía marroquí jugó sus habituales cartas ante EE.UU.: primero, vendió la idea (poco creíble para los bien informados) de que seguía teniendo un contribución crucial en el proceso de paz entre árabes e israelíes: pero si esto pudo tener alguna credibilidad con Hassán, la ha perdido totalmente con Mohamed VI; segundo, que su papel era importante para frenar el radicalismo islámico; y, tercero, que su presencia era económicamente rentable (aprovechó su visita para firmar un contrato con una empresa norteamericana para la construcción de un proyecto energético en Casablanca valorado en 1.500 millones de dólares, casi 200.000 millones de pesetas). El problema es que Argelia es económicamente más rentable y constituye un freno más importante que Marruecos al auge del islamismo.
3.  LA INDEPENDENCIA DEL SÁHARA OCCIDENTAL, CLAVE DE LA ESTABILIDAD INTERNA DEL SÁHARA OCCIDENTAL.
 
La aceptación por Marruecos, en 1981, del referéndum de autodeterminación supuso un importante paso hacia a la estabilización interna del territorio. Ciertamente, a pesar de su aceptación exterior, Marruecos en el interior no disminuyó la represión de quienes postulaban el referéndum. Sin embargo, el principio del referéndum era la base para poder devolver la paz al territorio. En efecto, el referéndum constituye el medio mediante el cual se puede “formalizar” el conflicto a través de un procedimiento objetivo que permite una solución justa e indiscutible.
 
Resultaba inconcebible que Marruecos pusiera en cuestión su palabra, volviéndose atrás después de haber aceptado solemne y repetidamente (cumbre de la OUA en Nairobi, aceptación del plan de paz en 1988, aceptación de los acuerdos de Houston en 1997) ante la comunidad internacional el principio del referéndum. Sin embargo, la llegada de Mohamed VI ha tenido como consecuencia que Marruecos ha faltado a la palabra dada a toda la comunidad internacional. Era sabido que Marruecos tenía miedo e inseguridad ante la consulta. A pesar de las afirmaciones de Hassán II y de Mohamed VI de contar con el apoyo de sus “fieles súbditos” saharauis, el intento, primero, de ampliar de forma brutal el censo y, después, de no admitir ni siquiera un censo ampliado, traduce la convicción interna marroquí de que la población saharaui quiere la independencia.
 
1. En efecto, de un lado, parece claro que, pese a las deserciones de dirigentes saharauis a las filas marroquíes, el pueblo residente en los campamentos de Tinduf apoya de forma total la independencia. Como afirma Barbier, la proclamación de la RASD y la organización del pueblo saharaui no sólo han colmado un vacío jurídico permitiendo sobrevivir a los refugiados, sino que ha conseguido administrar y encuadrar políticamente la población de los campos subviniendo a sus necesidades esenciales (alimentación, educación, sanidad) creando un verdadero Estado en el exilio. Gracias a los innumerables sacrificios y dificultades se ha logrado formar un verdadero pueblo saharaui, unido y solidario, dotado de una conciencia nacional y encaminado hacia la lucha por su liberación nacional[13], algo que parecía lejano en 1975 cuando los lazos tribales aún se cruzaban peligrosamente con la conciencia nacional[14].
 
2. Por lo que respecta a los saharauis de las zonas ocupadas, Marruecos ha realizado una intensa política de captación de los saharauis (y de paso también de “tentación” a los refugiados de Tinduf) con cuantiosas inversiones en el Sahara para mejorar la vida en su zona, impulsando la construcción de servicios (mezquitas, edificios, hoteles, mercados y aeropuertos), con aumento del comercio y de la prosperidad de la gente. Además, Hassán ha establecido exenciones de impuestos, créditos fáciles y promesa de trabajo a todos los residentes en el Sáhara Occidental[15]. Estos beneficios también se aplican a la multitud de colonos marroquíes trasladados allí[16]. Algunos analistas llegaron incluso a decir que la población del Sahara ocupado “votaría sin duda en favor de convertirse en parte de Marruecos”[17]. Los hechos han demostrado lo contrario.
 
En primer lugar, también España realizó muy cuantiosas inversiones en el Sahara y mejoró sensiblemente las condiciones de vida de los nativos sin que por ello, antes al contrario, se frenara el independentismo.
 
En segundo lugar, la venida masiva de marroquíes (hoy día sólo El Aaiún tiene unos 130.000 habitantes, en su inmensa mayoría marroquíes) muy posiblemente ha podido despertar el pánico de los saharauis que han quedado allí, que ven “marroquinizarse” su tierra, sus costumbres, su lengua, etc.
 
En tercer lugar, existe un importante factor sociológico que no puede olvidarse: aunque el hombre saharaui es uno de los árabes más occidentalizados, la mujer saharaui es muy tradicional y se ha constituido en el auténtico depósito de la tradición de su pueblo, que ha comunicado a los hijos constituyendo de este modo una auténtica barrera a la marroquinización de los saharauis de las zonas ocupadas.
 
En cuarto lugar, y como corolario lógico de lo anterior, los testimonios sobre revueltas de la población saharaui bajo dominio marroquí (El Aaiún, Smara) y sobre detenciones, “desapariciones” y torturas de saharauis por parte de los agentes de Hassán, parece que avalan que la población autóctona sigue rechazando a Marruecos. Además de esta represión “física” también se ejercen diversas formas de represión “psicológica”: vigilancia continuada, prohibición de visitar a parientes, etc[18]. La “intifada saharaui” desencadenada el 20 de mayo de 2005 y que un año después sigue activa es la prueba de cuanto se dice aquí.
 
Pero hay, en quinto lugar, un argumento definitivo: si Mohamed VI no celebra ahora el referéndum es porque, simplemente, está seguro de perderlo.
 
3. Hassán, primero, y Mohamed VI, después, han intentado con su política sembrar la discordia futura en el Sáhara Occidental. La peculiar soberbia de Hassán[19] estaba profundamente herida por la resistencia saharaui a rendirle acatamiento, por lo que, en venganza, Hassán quiso obstaculizar y, envenenar un posible triunfo saharaui.
Para obstaculizar un eventual triunfo saharaui en el referéndum, Hassán II diseñó una política de transferencia de colonos, de clara inspiración estalinista, con la intención de bloquear la situación, con continuas violencias intercomunitarias entre los saharauis y los marroquíes “unionistas” (como de hecho cierta propaganda marroquí empieza a denominar a los colonos). Este último supuesto sería el preferido por Hassán como acto último de venganza, al diseñar el traslado de colonos[20]. Lo cierto, sin embargo, es que desde que se desencadenó la rebelión pacífica contra la ocupación (la “intifada de la independencia”), el 20 de mayo de 2005, han sido escasos los supuestos en que ha habido enfrentamientos entre civiles. En efecto, en el Sáhara se da una circunstancia que distorsiona aquellos planes de Hassán II: en un Sáhara anexionado a Marruecos las riquezas son aprovechadas sólo por la monarquía y su majzén, mientras en un Sáhara independiente los colonos mejorarían sustancialmente su nivel de vida. Eso podría explicar por qué los colonos no se han movilizado tanto como el régimen marroquí hubiera esperado en favor del “unionismo”.
 
Pero si, a pesar de estos obstáculos, vencieran los saharauis el referéndum, se encontrarían con que en su país existen 65.000 soldados (según las previsiones del “plan de paz”, pues ahora hay 120.000) y casi 250.000 civiles marroquíes, frente a la escasa población saharaui. El objetivo sería envenenar la victoria con un conflicto intercomunitario. La experiencia soviética, sin embargo, demuestra que por más que las repúblicas fueran intensamente rusificadas, los “rusos” (marroquíes) terminaron aceptando los Estados independientes surgidos de la desintegración de la URSS.
 
Ahora bien, si el referéndum lo ganaran los marroquíes, la situación sería mucho más inestable. O bien se reanudaría la guerra por quienes no acepten el resultado, o bien el interior del Sáhara estaría abocado a una violencia desesperada. Sería discutible si esa situación generaría violencia terrorista, pues hasta el momento los saharauis no han acudido a ese expediente, pero si todas las salidas se cierran tampoco sería excluible esta hipótesis como medio de minar el apoyo interno marroquí a la anexión.
 
Finalmente, en el supuesto de que se produjera un retraso sine die del referéndum agravaría la actual situación de exilio de los saharauis. Sin embargo, no parece que el exilio prolongado vaya a acabar con el problema. Otros exilios, más largos aún, son prueba de ello. El caso palestino, con todas las diferencias que existen con el caso saharaui, demuestra que un largo exilio no necesariamente se traduce en una integración de los exiliados en las sociedades de acogida.
 
4. En conclusión, la única solución viable a largo plazo para la estabilidad de Marruecos es la independencia del Sáhara. De la inteligencia de la monarquía marroquí dependerá realizar con dignidad esa operación.
 
4. LA INDEPENDENCIA DEL SÁHARA OCCIDENTAL, CLAVE DE LA SEGURIDAD DE LAS FRONTERAS ESPAÑOLAS.
 
1. Es conocido que Marruecos tiene una reivindicación expresa sobre Ceuta, Melilla y los peñones e islas norteafricanos (Perejil, Vélez, Alhucemas y Chafarinas) y una reivindicación latente sobre Canarias. Esa reivindicación se encuentra tanto en el plano simbólico cuanto en el de ciertas prácticas diplomáticas.
 
En el plano simbólico, es importante recordar que los monarcas marroquíes (Hassán II y Mohamed VI) suelen recibir a los líderes internacionales en un salón decorado con un mapa donde está coloreado en amarillo lo que ellos entienden por territorio marroquí. Este mapa, que han podido ver presidentes españoles como Felipe González, José María Aznar o José Luis Rodríguez, no sólo sombrea en amarillo como territorio marroquí todo el Sáhara Occidental, sino que también incluye en ese color a Ceuta, Melilla, los peñones del norte de África...¡y el archipiélago canario!
 
En el plano diplomático, la reivindicación sobre Ceuta, Melilla y los peñones se traduce en actos hostiles como la concesión de licencias petrolíferas en las aguas españolas adyacentes a estos territorios, efectuada el 30 de julio de 2004. Meses antes, en diciembre de 2003, Marruecos protestó contra unas concesiones petrolíferas que el Gobierno español (presidido entonces por Aznar) hizo a la empresa Repsol sobre la plataforma continental que se encuentra en el lado español de la mediana trazada entre las costas españolas de Canarias y las costas marroquíes (de le región de Tarfaya). Marruecos no ha reconocido que la plataforma continental más allá de la mediana (desde el lado marroquí) pueda ser española y, lo que es más grave, nunca ha dicho hasta dónde llega “su” plataforma continental. En el discurso, de momento oculto, late la idea delirante de que las islas del archipiélago emergen de una plataforma continental que es marroquí... luego las islas también serían marroquíes.
 
2. La independencia del Sáhara Occidental contribuye a la seguridad de todas nuestras fronteras del sur, tanto las de Ceuta, Melilla es islotes, como las de Canarias.
 
2.A. En el caso de Ceuta, Melilla y los peñones, la independencia del Sáhara tendría un significado muy nítido: la violación de la frontera del Sáhara Occidental, internacionalmente reconocida, operada a partir de 1975 no sería reconocida. Con este antecedente, se podría obtener la seguridad de que una eventual violación de la frontera entre España y Marruecos en el norte de África no tendría ninguna posibilidad de ser consagrada con el tiempo.
 
Desde esta perspectiva, la tesis de negociar con Marruecos el programa “Ceuta y Melilla españolas, a cambio del Sáhara Occidental marroquí” sería un suicidio, pues el reconocimiento de la soberanía del Sáhara sería un precedente de que otra futura violación de la frontera internacional y subsiguiente invasión y ocupación podría terminar igualmente con la consagración de la anexión. Por tanto, frente a esa tesis sólo resulta viable la de “Ceuta y Melilla españolas y Sáhara Occidental independiente”.
 
2.B. En el caso de Canarias, los argumentos serían dos. El primer argumento sería una reproducción del expuesto para Ceuta, Melilla y los peñones. Ante una eventual violación de la frontera marítima o una eventual ocupación de alguna isla, sería trasladable el argumento expuesto para responder a una eventual violación de las fronteras con estos territorios norteafricanos del Mediterráneo.
 
Pero, además, hay un segundo argumento. Como se ha dicho, Marruecos tiene una no concretada reivindicación sobre las aguas, la plataforma continental y, eventualmente, las Islas Canarias. En esta situación no da igual, ni mucho menos, que lo que haya enfrente de las islas sea un solo Estado (Marruecos) o sean dos (Marruecos y la RASD). Si existieran dos Estados, en lugar de uno, la reivindicación sobre las aguas o la plataforma continental (y, eventualmente, las islas) españolas en el Atlántico quedaría desactivada. En efecto, ¿cómo argumentar que el archipiélago emerge de la plataforma continental “marroquí” si comparte plataforma continental también con la RASD? No sólo eso. En la medida en que el Estado con el que la España archipelágica del Atlántico tendría más fronteras marítimas sería la RASD, y dado que la RASD no es un Estado de aspiraciones expansionistas sobre España, se podría tener la muy razonable seguridad de que las fronteras españolas en Canarias quedarían estabilizadas con la existencia de un segundo Estado vecino: una república saharaui independiente.
 
3. La amenaza del expansionismo marroquí en el futuro podría afectar a los territorios peninsulares. Esa amenaza sólo se conjuraría con un Sáhara Occidental independiente.
El objetivo expansionista marroquí del “Gran Marruecos” utilizado para reivindicar el Sáhara Occidental, no es sino la reivindicación de las fronteras alcanzadas por el imperio almorávide en su momento de máximo desarrollo territorial. El Sáhara Occidental, Mauritania, el Oeste de Argelia, Ceuta, Melilla y los islotes se reivindican porque formaban parte del imperio almorávide. Ahora bien, el imperio almorávide también comprendió “Al Andalus”, es decir, la zona de la Península Ibérica dominada por los musulmanes. Si se pretenden unos supuestos “derechos históricos” basados en el imperio almorávide, no se ve la razón de excluir de esa reivindicación en el futuro a la mitad sur de la Península, excepto que, de momento, no se quiera alarmar.
 
Desde esta perspectiva, la independencia del Sáhara Occidental, entendida como negación de unos supuestos derechos históricos heredados del imperio almorávide sería una garantía ante la futura tentación de reivindicar los territorios peninsulares que también fueron ocupados por los almorávides.
 
5. LA INDEPENDENCIA DEL SÁHARA OCCIDENTAL, NECESARIA PARA IMPEDIR EL ACOSO MIGRATORIO A CANARIAS.
 
La independencia del Sáhara Occidental constituye un elemento esencial para frenar la ofensiva migratoria que está amenazando gravemente al Archipiélago Canario. La que puede calificarse, sin exageración, como invasión de emigrantes ilegales, constituye la mayor amenaza social y económica que han sufrido las Canarias desde hace muchísimo tiempo.
 
La relativa cooperación marroquí para disminuir (en ningún caso, eliminar definitivamente) la emigración ilegal a través de las fronteras hispano-marroquíes en Ceuta y Melilla y a través del Mediterráneo, no ha sido una cooperación plena con España. La prueba, definitiva, es que por las fronteras hispano-marroquíes siguen entrando súbditos marroquíes y en que Marruecos sigue negándose a aplicar el Acuerdo de readmisión de emigrantes ilegales de terceros Estados, ratificado en 1992. Esa relativa cooperación, en realidad, ha sido un desplazamiento de la presión migratoria desde el Mediterráneo hasta el Atlántico. Esa presión se puso de manifiesto, primero, con el envío de “pateras” desde el Sáhara Occidental ocupado por Marruecos. En un segundo momento, se intentó desplazar el punto de partida de las embarcaciones a Mauritania, pero ante la existencia de una colaboración rápida por las autoridades mauritanas, en un tercer momento se ha trasladado la base a Senegal. No casualmente Senegal es uno de los más firmes aliados de Marruecos en el continente africano. A día de hoy, la “cooperación” marroquí contra la emigración ilegal no consta que se haya traducido en ninguna gestión ante Senegal.
 
El hecho es que la emigración ilegal que parte de Senegal, no sólo debe atravesar las aguas de Mauritania (país que dispone de una Armada de mínima entidad), sino también las aguas del Sáhara Occidental. Y aquí encontramos una de las claves de la “crisis de los cayucos”. La Armada marroquí, tan diligente en el apresamiento de buques pesqueros españoles, no  consta que haya detenido un sólo cayuco cargado de emigrantes ilegales.
 
La situación es verdaderamente humillante. Por un lado, Marruecos considera que las aguas del Sáhara Occidental son suyas y, por ello, no ha cejado de trabajar para firmar un acuerdo pesquero (ilegal) con la Unión Europea que le reconozca derechos sobre esas aguas[21]. Sin embargo, por otro lado, Marruecos no se considera concernido en absoluto a la hora de localizar y detener los cayucos que, rumbo a Canarias, cruzan por esas mismas aguas del Sáhara Occidental ricas en pesca que se hallan bajo su control. El asunto tiene aún mayor gravedad porque fue el gobierno del presidente Rodríguez el que presionó en todos los niveles de la Unión Europea para que se firmara este acuerdo de pesca con Marruecos englobando las aguas del Sáhara Occidental, mientras ahora no ha hecho la más mínima gestión para exigir la colaboración marroquí para detener a los cayucos que transitan por esas aguas.
 
Un Sáhara Occidental independiente, sin duda, mantendría una actitud de mayor colaboración con España y, especialmente, con Canarias. La relación de amistad entre Canarias y el Sáhara Occidental se remonta a muchos siglos. Y, además, es notorio que si el Sáhara Occidental fuera independiente sería un territorio próspero, él mismo también objetivo de la emigración ilegal. Un Sáhara independiente no tendría ningún interés en no colaborar con España en la lucha contra la emigración ilegal, a diferencia de lo que ocurre con Marruecos. Puede decirse, con toda rotundidad, que la “crisis de los cayucos” que sufre Canarias en el año 2006 tiene su causa, directa, en que el Sáhara Occidental no sea un Estado independiente.
 
6. LA INDEPENDENCIA DEL SÁHARA OCCIDENTAL, GERMEN DE LA DEMOCRACIA EN LA REGIÓN.
 
La independencia del Sáhara se puede obtener mediante la retirada unilateral de Marruecos o por medio de un referéndum de autodeterminación. La primera no es, evidentemente, imposible, pero a día de hoy aparece sumamente improbable. Por ello, parece que la independencia completa del Sáhara Occidental sólo será posible merced a la celebración de un referéndum de autodeterminación. La celebración de este referéndum no sólo tendría una importancia jurídico-política en el plano internacional. También sería de extraordinaria relevancia en el plano interno como afirmación del principio democrático.
 
El norte de África, y todo el mundo árabe, constituye una región en la que la democracia o es negada o es desvirtuada.
 
1. En el caso de Marruecos, como es sabido, el principio más importante del régimen político no es la democracia sino la monarquía, entendida, no como forma de gobierno (es decir, como una forma de ejercer un poder constituido, el ejecutivo), sino como forma de Estado (es decir, como afirmación de que el titular del poder constituyente es el monarca). Toda tentativa de democratización y de establecimiento de un Estado de Derecho en Marruecos se enfrenta con este obstáculo insalvable: una monarquía soberana.
 
En primer lugar, la celebración, por impulsos internacionales, de un referéndum de autodeterminación en el Sáhara ocupado por Marruecos supondría una consagración del principio democrático porque la decisión sobre un asunto esencial de la política marroquí, ya no estaría en las manos soberanas del rey, sino en las manos soberanas del pueblo: del pueblo saharaui, en este caso. La soberanía del rey, como todo poder absoluto, se quebraría en el momento en que ya no fuera un poder absoluto... y, en efecto, ese poder habría dejado de ser absoluto porque tendría una importante excepción: el Sáhara Occidental. A partir de ahí, en mi opinión, la democracia se convertiría en un camino imparable en Marruecos.
 
En segundo lugar, la celebración del referéndum de autodeterminación sellaría la idea de Estado de Derecho en Marruecos. La idea de Estado de Derecho se puede resumir en que el poder está sometido en su actuación a reglas previas que debe respetar. En el caso del Sáhara Occidental está claro que hay un Derecho que ordena celebrar un referéndum de autodeterminación. La celebración por Marruecos de este referéndum sería vista como una señal creíble de que Marruecos está dispuesto a asumir la idea de Estado de Derecho, esto es, la idea de que el poder actúa de acuerdo con el Derecho tal y como está formulado previamente.
 
La cuestión es aún más importante porque no sólo la realización del referéndum en el Sáhara Occidental será el desencadenante de la democracia y del Estado de Derecho en Marruecos... sino que su no realización supondría la imposibilidad definitiva de democratizar Marruecos y convertirlo en Estado de Derecho. Si en este asunto en el que las exigencias jurídico-internacionales son tan claras, Marruecos no acepta el principio de la democracia (referéndum de autodeterminación) y del Estado de Derecho (cumplimiento de las resoluciones aprobadas por la ONU y confirmadas por el Tribunal Internacional de Justicia), ¿cómo confiar en que en el futuro Marruecos vaya a convertirse en un Estado de Derecho democrático?
 
2. En el caso del Sáhara Occidental, nos encontraríamos ante la base de un futuro Estado democrático. No es casual, ni mucho menos, que el Estado más democrático del norte de África y, quizá, del mundo árabe, sea Argelia, país que ha celebrado las únicas elecciones no trucadas en esa región (en concreto, las últimas elecciones presidenciales). Y no es casual porque Argelia, además de a una cruel guerra civil, debe su independencia a un referéndum de autodeterminación. La decisión del pueblo, la democracia, se halla inscrita como principio máximo desde el momento mismo del nacimiento del Estado y, por eso, es indiscutible.
 
La idea democrática se halla inscrita en la RASD. Esto es así, en primer lugar, porque la propia República, proclamada el 27 de febrero de 1976, está dispuesta a someter a la decisión del pueblo su propia continuidad (para que el pueblo decida si quiere seguir existiendo como república independiente o quiere integrarse en Marruecos). Pero además, en segundo lugar, la idea democrática es la gran aspiración del pueblo saharaui que no hace sino reclamar la celebración justa y transparente de un acto supremo de democracia para decidir sobre el destino de todo el Sáhara Occidental. Finalmente, en tercer lugar, conviene no olvidar que la RASD ha ido desarrollando instituciones democráticas que han alcanzado un notable desarrollo y que son fruto de elecciones libres y competitivas, dentro de las grandes limitaciones que impone su situación actual.
 
En el Sáhara Occidental es muy probable que pueda suceder lo mismo. Precisamente porque la independencia sería fruto de la aplicación del principio democrático, desde sus propios orígenes un Estado saharaui independiente no reconocería un principio superior al democrático. Y, precisamente por eso, si hubiera tentativas de desvirtuar este principio democrático, la sociedad reaccionaría restableciéndolo.
 
No sólo eso. Un referéndum de autodeterminación consagraría un cuerpo electoral único que nadie se atrevería a alterar en el futuro. Crearía, de esta forma, una unidad política que desactivaría eventuales disensiones tribales o tentativas de fragmentación del pueblo único en agrupaciones de tribus.
 
7. LA INDEPENDENCIA DEL SÁHARA OCCIDENTAL, FRENO AL ISLAMISMO EN EL NORTE DE ÁFRICA.
 
1. Se ha hablado antes de la escasa fiabilidad de la monarquía alauita, que hace económicamente muy peligroso un Sáhara marroquí. Si se consolidara el dominio marroquí, la explotación plena y pacífica de los fosfatos del Sáhara convertiría a Marruecos en poseedor de las tres cuartas partes de las reservas mundiales de fosfatos, lo que de facto le situaría en una posición de monopolio peligrosísima para la agricultura del mundo occidental ante la eventualidad de que Mohamed VI, si así conviene a su permanencia en el trono, dé un giro antioccidental y proislamista, o de que, ante la corrupción del régimen alauita, los islamistas se hagan con el poder. Es mucho más prudente que las reservas de un mineral tan estratégico como los fosfatos estén en varias manos y no sólo en unas. A esto se le añadiría el riesgo añadido de ver a ese Marruecos anexionista explotando el eventual petróleo del Sáhara Occidental.
 
2. El riesgo apuntado no es retórico. En primer lugar, es un hecho que la monarquía marroquí no dudó ni un momento en entregar el alma de los marroquíes al wahabismo si a cambio el principal promotor de esa secta (Arabia Saudí), financiaba con su abundante dinero la ocupación militar del Sáhara...como así ocurrió. El resultado de ese irresponsable juego ha sido un auge espectacular de grupos de yihadistas marroquíes[22]. Por si fuera poco, la estrategia de la monarquía de Mohamed VI es la de fomentar entre la juventud saharaui de las zonas ocupadas el islamismo bajo la forma en que lo predica el PJD (Partido de la Justicia y el Desarrollo, partido islamista cercano al Majzén). Ante la constatación de que los saharauis de las zonas ocupadas no se integran en los partidos tradicionales marroquíes, el Majzén ha lanzado una ofensiva para que los jóvenes de las zonas ocupadas canalicen sus entusiasmos hacia el islamismo en lugar del independentismo.
 
Si Marruecos quedara en manos de los islamistas, importantes riquezas estratégicas quedarían en manos de ellos. Desde esa perspectiva el peligro del islamismo podría aminorarse o controlarse mejor con un Sahara independiente. El islamismo es un peligro real, no sólo en África o en Asia atacando o desestabilizando a aliados de EE.UU (Turquía, Egipto, Israel), sino en la propia Europa y aun en los EE.UU. (atentado a las Torres Gemelas). El islamismo terrorista, constituye una clara evidencia de ello. En efecto, llama la atención el elevado número de marroquíes que engrosan los grupos terroristas islámicos, mientras que a día de hoy, no consta que ni un solo saharaui se haya enrolado en esas actividades.
 
3. El Sáhara Occidental ha mostrado ser ajeno al islamismo, a diferencia de Marruecos, donde el islamismo pulula cada día con más intensidad. La sociedad saharaui, quizás por el nomadeo, quizás por la mayor presencia de la herencia bereber, ha probado ser menos receptiva a las corrientes del integrismo islámico. No deja de ser llamativo que, pese  a los esfuerzos marroquíes, ni la sociedad saharaui ha caído en el islamismo, ni se haya podido detectar la presencia de ningún saharaui implicado en el terrorismo yihadista, como contraste con las numerosísimas implicaciones de ciudadanos marroquíes que dicen muy  poco de los gobernantes marroquíes.
 
III. CONCLUSIÓN.
 
La pregunta “¿interesa un Sáhara Occidental independiente?”, tiene como respuesta un inequívoco “S͔ porque:
 
1º. La independencia del Sáhara Occidental es la única solución para conseguir la estabilidad del norte de África, afirmando de modo indiscutible la intangibilidad de las fronteras heredadas del colonialismo. Todo lo que suponga una alteración de estas fronteras por la fuerza supone un aliciente para provocar la inestabilidad política en la región. Y sin estabilidad política en la región, no habrá aprovechamiento pacífico de sus riquezas naturales. Por esa razón, el Sáhara no debe ser entregado a Marruecos.
 
2º. La independencia del Sáhara Occidental es la forma de que Occidente pueda gozar de un aliado fiable en el norte de África.
 
3º. La independencia del Sáhara Occidental es la única solución para obtener la paz y la estabilidad en el interior del Sáhara Occidental, evitando que la revuelta pacífica de la población saharaui de los territorios ocupados degenere en formas de protesta violenta.
 
4º. La independencia del Sáhara Occidental es un elemento imprescindible para diluir la reivindicación marroquí sobre el territorio español en Canarias.
 
5º. La independencia del Sáhara constituiría un impedimento definitivo a la emigración ilegal que por vía marítima amenaza  a España en el archipiélago canario.
 
6º. La independencia del Sáhara Occidental tendría como origen un referéndum que es el instrumento democrático por excelencia. Por un lado, es la vía idónea para desencadenar el proceso de la democratización de Marruecos: si se negase el principio democrático aquí, será difícil que el Majzén acepte democratizar Marruecos. Por otro lado, en caso de victoria de la opción independentista lo que surgirá será una república cuyo principio básico no podrá ser un título “divino” o religioso, sino la democracia. Eso impregnará todo el sistema.
 
7º. La independencia del Sáhara Occidental introducirá un cortafuegos en la peligrosa