Terrorismo y elecciones

por Manuel Coma, 1 de abril de 2016

(Publicado en La Razón, 26 de marzo de 2016)

ruselas no ha dejado de reverberar sobre las campañas electorales americanas, esencialmente confirmando posiciones enunciadas ya hace meses. Todos los candidatos tratan de mostrarse fuertes, pero de maneras distintas. Por supuesto Trump trata de desbordarlos a todos, saliéndose del tiesto. Los recientes atentados han sido una nueva oportunidad de confirmar lo ya dicho.  Sus exabruptos de macho alfa pueden hacer las delicias de sus conversos pero inspiran desprecio en el resto del espectro político. El tema, que había pasado a segundo plano, tras las políticas comerciales y migratorias, ha vuelto al primero por unos días. Las bravuconadas de Trump sólo son una pieza más de su retórica y apuntalan los aspectos xenófobos de sus actitudes ante los inmigrantes. También sus elementos de aislacionismo. Ha vuelto a arremeter contra OTAN, como alianza costosa y, con aliados como Bélgica, inútil. Los restantes en liza, Kasich incluído, han subrayado la necesidad de reforzarla en las presentes circunstancias. Hillary, como no podía ser menos, ha destacado el activo que su experiencia supone para dirigir la lucha contra la amenaza terrorista. Cruz no ha sido en ningún momento muy explícito con el tema, pero habló en una ocasión de proceder a un “carpet bombing” del estado islámico. Un término de la jerga militar americano que quiere decir un bombardeo tan intenso que equivale a depositar una alfombra explosiva sobre la totalidad del área que constituye el objetivo. Probablemente le sonaba bien pero no conocía el significado exacto. Los militares no tardaron en explicárselo así como la inviabilidad de su propuesta, y no volvió a hablar del asunto. 

Puesto que cada uno defiende su maximalismo antiterrorista como el más eficaz y más aceptable para su clientela electoral, no parece que ese vaya a ser el tema decisivo de la campaña, aunque resurgirá en la lucha final por la presidencia.

Mientras tanto la gran cuestión es Trump, los daños que va a infligir a su partido y la manera de atemperarlos. Si se hace con la candidatura, pierde estrepitosamente frente a Hillary, tal y como están las encuestas a día de hoy El deslenguado multimillonario con cero en conocimientos políticos no ha conseguido llegar al cincuenta por ciento en ninguna de sus múltiples victorias. Es ya imposible que ninguno de los dos rivales que le quedan consiga superarle en delegados, pero es posible que llegue a la convención republicana de julio con menos de la mitad. En ese caso, ha proclamado, el candidato con más delegados, él, debe ser el elegido. ¡Naranjas de la China! Esa no es la regla de ninguno de los dos grandes partidos y hay importantes precedentes en contra de lo que Trump pretende. Precedentes de que, tras varias, o muchas votaciones, el que llegó con menos compromisarios salió finalmente triunfante. Incluso de que la victoria correspondiese a alguien que no había participado en las primarias y fue presentado en el curso de la convención. Y más de uno de esos candidatos se hizo con la presidencia. Los delegados quedan liberados de su compromiso después de las primeras votaciones. Al fin y al cabo su misión es elegir a alguien que pueda ganar al rival. Esa es una de las razones por la que Kasich, el gobernador de Ohio, el más aceptable para el aparato del partido y los que se catalogan como moderados, y único que según las encuestas de la semana pasada vencería a Hillary Clinton, con una ventaja del 3%, sigue adelante con su puñadito de delegados sin las más mínimas posibilidades de victoria. En las primeras votaciones. Además, una lucha a tres puede restarle más votos al primero de la lista que un cara a cara. La suerte no está aún echada.