El rearme del desarme
por Óscar Elía Mañú, 13 de marzo de 2025
Resulta novedoso, y es buena noticia, la celeridad con la que los países europeos parecen responder a la debilidad militar que la guerra de Ucrania les ha hecho descubrir. A las cumbres y reuniones de alto nivel, de resultados poco gratificantes, se une ahora la aparente voluntad, unánime y sincera, de realizar el esfuerzo en defensa abandonado hace tres décadas.
Pero no todo son buenas noticias. La mala noticia es que los europeos parecen reaccionar a la europea, y conforme los planes se concretan se desdibujan los contornos de una política de defensa real. En primer lugar porque los europeos están poniendo el énfasis en las cifras y en los datos, y no en las capacidades militares reales. Convendría empezar reconociendo que el problema europeo no es el gasto en defensa, sino la carencia de capacidades militares, que se plasman y dependen del gasto en defensa, pero no se reducen ni se limitan a un porcentaje de PIB.
En segundo lugar, tras el pasmo inicial provocado por la política exterior de Trump, y con el paso de los días, los europeos parecen deslizarse cada vez más hacia la cómodidad de transitar de lo militar a la tecnología militar y de la tecnología militar a la tecnologia.El gran peligro de toda política de defensa es convertirse en política industrial, y por desgracia esta es la especialidad de los países europeos: traducir el problema en puestos de trabajo, empleo y respaldo de la opiniòn pública.
En tercer lugar, y en relación con esto, la Comisión Europea encabeza la propuesta para hacer lo que los europeos mejor saben hacer: endeudarse. Los europeos no saben muy bien todavia en qué invertir, pero sí saben que lo haran endeudándose. Convendría tener en cuenta que, tras observarse las carencias del ejército ruso, la seguridad europea está más amenazada por la deuda que por el Kremlin.
En el caso de España este problema toma un cariz tragicómico: mientras Sánchez realiza en el exterior proclamas grandilocuentes -el mariscal Sánchez, lo ha llamado Rafael Bardají- apenas disimula sus intenciones en el interior. Los líderes de los partidos dicen que no saben muy bien que´propone Sánchez, pero éste ha ya mostrado sus intenciones a quien le haya escuchado: primero aumentar los impuestos a la clase media o el endeudamiento; segundo, convetir en "gasto en defensa" cualquier inversión relacionada con la seguridad, la diplomacia o las nuevas tecnologías; y tercero, falsificando las cifras de gasto público con partidas que no tienen nada que ver con la defensa para tratar de llegar al 2% en 2029.
Esta actitud, -endeudar al país, gastar la inversión en cosas que no tienen que ver con la defensa, falsificar las cifras- es aberrante desde cualquier punto de vista, pero parece no escandalizar a casi nadie: ni partidos políticos ni medios de comunicación parecen interesarse demasiado en ello. Más aún, la opinión pública española parece haber aceptado con enorme naturalidad que de lo que se trata es de presentar al mundo un 2% o un 3%, al margen de que la seguridad y la defensa españolas estén, efectivamente garantizadas.
Si el rearme consiste en endeudar más a los españoles, en gastar el dinero con criterio industrial y laboral, y con el objetivo de alcanzar un 2% "como sea", el pretendido rearme no será rearme, sino desarme. O será el rearme del desarme, esto es, un ahondamiento en la debilidad española.
La situación es lo suficientemente grave como para que los dos grandes partidos de la oposición, PP y VOX fuesen capaces de presentar propuestas de política de defensa alternativa a los fuegos de artificio de los socialistas, con objetivos, medios e instrumentos bien definidos. Pero también en esto parecen ir a remolque de Sánchez y, por envejecimiento o inmadurez política, participan de la desorientación general.