In Memorian: Mauricio Toledano, un alma irrepetible

por Rafael L. Bardají, 8 de julio de 2026

Decía el poeta Jaime Gil de Biedma que “de casi todo hace ya veinte años”.  Con la aceleración del mundo actual, para la gente de mi generación, en realidad, de casi todo hace 40 años. Yo conocí a Mauricio Toledano en un punto intermedio. Pero todo este tiempo fueron años intensos.

Mauricio fue un pilar esencial del GEES en una etapa en la que la estrategia estaba siendo reemplazada por la política y la política, como bien sabemos ya, en un negocio de puro y duro enriquecimiento personal. Y, sin embargo, Mauricio estuvo siempre ahí con nosotros, no sólo animándonos a seguir con nuestro trabajo y ayudándonos en los momentos de dificultades económicas, sino inspirándonos con sus preguntas y comentarios. Mauricio estaba profundamente preocupado por el futuro de España y era un ávido organizador de tertulias en la que intentar dar con soluciones.

Pero no sólo. Mauricio estaba vivamente implicado en el futuro de Israel. Mi primer viaje a Israel con él fue con motivo de su doctorado Honoris Causa concedido por la Universidad de Bar Ilan, allá por 2005 si no me falla la memoria. Sharon dio allí su famoso discurso sobre el desenganche israelí de Gaza y recuerdo comentarlo con Mauricio al día siguiente y nuestro mutuo convencimiento de que la salida de Israel de la Franja sólo podía acabar con un Hamastán dedicado a poner fin a la existencia de Israel. Cosa que acabó sucediendo como sabemos.

Aparte del GEES, Mauricio fue instrumental en la creación de la Friends of Israel Initiative, un grupo de líderes no judíos dispuestos a combatir la irracionalidad con la que normalmente se abordan los temas que afectan a Israel. Aún le recuerdo en la cena donde presentamos nuestras ideas al primer ministro israelí en su residencia de Jerusalén y cómo siempre me recordaba que la mujer del primer ministro le dijo al oírle hablar en hebreo, “lo habla muy bien para ser cristiano”…

Su sorna y humor lo invadían todo y a todos. También me acuerdo de que en un acto de la Universidad de Georgetown, en el folleto oficial donde él figuraba, le habían puesto en su currículo, “es amigo de Rafael Bardají”, cosa que le hacía mucha gracia y que a mí me enorgullecía porque yo no figuraba en ningún otro sitio.

Y es que Mauricio no sólo fue un alma irremplazable para el GEES y para FoII, fue, sobre todo, un buen amigo. En su entierro se ha recordado que siempre estaba ahí para quien le necesitara, pero lo mejor era cuando, gracias a Dios, no se le iba a pedir nada. No sé cuántas habrán sido las comidas, cafés y copas con Mauricio por el placer de compartir análisis e ideas. 

Al final, demasiados cigarros-puro.

Nunca es un buen momento para morir, me temo. Pero el fallecimiento de Mauricio lo veo -lo venos todos los del GEES- como una gran injusticia. Se nos va el alma de tantos y tantos proyectos, el defensor de la comunidad judía, el enamorado de una España moderna y libre, el combatiente por el futuro de Israel. Un amigo de esos que son irremplazables. Que el dolor y la tristeza del momento no nos nuble la alegría de haberle conocido y compartido tantos buenos momentos.

Descansa en paz, Mauricio.