Sánchez-Panzer y el Sí a la guerra
por Rafael L. Bardají, 22 de marzo de 2025
Hay quien ha apodado al presidente de gobierno Pedro Sánchez-Panzer, posiblemente por lo aguerrido de la sobre actuación del dirigente español en relación a Ucrania quien, en su deseo de convertirse en el líder del anti-trumpismo global, viaja apresuradamente a Kiev para prometerle a Zelenski lo mismo que ya le había prometido meses antes.
Porque, en realidad, de aguerrido tiene bien poco el dirigente del socialismo extremo. Al contrario, del pecho que saca pavoneándose tras la pantalla de su ordenador a través del cual habla con sus homólogos europeos, pasa a la cobardía sin límites cuando su coalición de gobierno se tambalea porque los del “No a la guerra” que le votan en el parlamento, no quieren firmar el “si a la guerra” de Sánchez.
En Europa ya le tienen calado y no le han invitado a participar en las reuniones en las que se discute qué hacer el día después de que se firme el alto el fuego, capitaneadas por Macron. Y, molesto, le encarga al ministro Albares, que cada día se parece más a Lavrov en su oficio de propagandista, que diga que ni un soldado español para las estepas ucranianas. Sánchez, que no es tonto, prefiere que haya paz en su coalición a lograrla para Ucrania. Su enfado ayer en la reunión de Bruselas donde quiso convencer a sus socios para no hablar de rearme sino de seguridad pero que no le hicieron el menor caso, es buen reflejo de su falta de honestidad y de su cobardía.
Sánchez-Panzer dice que hay que incrementar el gasto en defensa y se lo cuenta a todos (menos a los de Vox) con el argumento que nos lo exige Europa. El Plan von der Leyen requiere que los Estados miembros desembolsen 650 mil millones de euros para mejorar sus capacidades de la industria de la defensa y que empiecen a hacerlo con carácter de urgencia. Contarán con la ayuda de 150 mil millones más en créditos especiales.
Sorprendentemente todavía no he oído a nadie preguntarse bajo qué autoridad y a través de qué mecanismos institucionales pretende una UE cuyos tratados se basan en el pacifismo estructural y en la prohibición expresa de no gastar en la adquisición de armamento, hacer posible esto sin violar sus propias normas. Para un presidente que adopta medidas declaradas anti-constitucionales, debe ser algo que cabe perfectamente en su normalidad. Pero para el resto y sobre todo, para el español de a pie, que tendrá que volver a tragarse un mayor endeudamiento nacional, claramente no.
Tampoco he oído a nadie cuestionar la cifra mágica de 800 mil millones de euros. ¿Por qué no 900 mil o 740 mil?. O 3 trillones, valga el caso. Alemania ya ha dicho -aún sin gobierno constituido- que se va a gastar en su defensa 500 mil millones. ¿Significa eso que los demás solo deberíamos poner encima de la mesa el resto hasta 650 mil, es decir, 150 mil millones?
Von der Leyen se ha sacado de la chistera una cifra que no se sabe a qué responde. Aún peor, que no está basada en ninguna visión estratégica. Miles de millones que se van a ir a un agujero sin que se sepa para qué, contra quien, en qué y cómo. Porque Europa, desde hace más de 70 años se ha autonegado su propia política de defensa. Lo que la presidenta de la comisión esconde es que solo busca invertir en la industria de armamento, que no es lo mismo que en la defensa, porque ésta está basada en hombres y mujeres de carne y hueso en uniforme y solo luego en las armas que se ponen a su disposición.
Sánchez-Panzer no quiere preguntas que incomoden su propaganda belicista y dice que hay que realizar este esfuerzo para garantizar la soberanía de Ucrania frente a su invasor, esa Rusia a la que ha venido comprando cada vez más gas desde el 2022. No explica por qué defender la fronteras orientales de Ucrania es tan importante cuando mantiene abiertas las nuestras a todo quién quiera llegar ilegalmente. Debe de ser que la soberanía es siempre cosa de otros, incluidos los catalanes.
Sorprendentemente, a un Sánchez-Panzer abandonado por sus socio, le han salido a defender todos los antitrumpianos o antitrumpistas del centro reformista, centro liberal y centro central español. Hay quien ha exclamado en Cortes, para que quede para la posteridad que “entregar las fronteras de Ucrania es exponer las de España”. Y, sin embargo, nadie dice por qué querría Putin invadir la Vieja Europa. Ni, muy especialmentete, cómo podría hacerlo toda vez que su fracaso inicial en Ucrania le ha desangrado militarmente y amenaza con afectarle económica y socialmente. Una cosa es ambicionar una “gran Rusia” y otra muy distinta lanzarse a un imperialismo feroz que lleve a Putin a conquistar todo, desde Kiev a Gibraltar.
Los pequeños napoleones que se toman a pie juntillas las soflamas de Macron, sólo saben repetir que la guerra de Ucrania es una guerra por la civilización y que sólo puede acabar con la derrota de Putin o Rusia o ambas a la vez. Pero callan que el presidente galo se negó a enviar carros de combate aunque llame a sus socios a poner en las trincheras ucranianas a nuestros jóvenes (y jovenas).
Los europeos han sido siempre los más de cualquier cosa, creyentes en la universalidad de su superioridad moral. Más palestinos que los palestinos y ahora más ucranianos que los propios ucranianos. Unos porque les sirve a sus intereses, ya de poder, ya económicos. Otros porque es lo que toca si con eso se hacen notar.
El problema es que las ensoñaciones bélicas de quienes no han visto nunca un carro de combate más que en desfiles por la Castellana el día de nuestra fiesta nacional, son eso, puras ensoñaciones. Pero con el agravante que tienen repercusiones muy directas sobre la vida y muerte de millones de personas. Los aguerridos que le bailan ahora el agua a Sánchez-Panzer lloran porque sin invertir 800 mil millones no podremos “mejorar la disuasión” frente a Putin. Pero no tienen ni idea de lo que nos costaría el combate para restituir las fronteras de Ucrania. Mucho más en dinero y lágrimas.
Porque la pregunta que no se hacen y que no quieren que nos hagamos es ¿cómo piensan ayudar a Ucrania ahora si toda esa inversión es a futuro? La realidad estratégica cada mal con las fantasías y aún peor con la irresponsabilidad política de nuestros supuestos líderes. ¿Qué opciones de plantean? ¿Qué escenario final quieren? Cero reflexión.
Sánchez-Panzer va por libre pero el centro-liberal español quiere hacer un imposible: vencer a la vez a Putin y a Trump, pero ni siquiera Estados Unidos puede ser capaz hoy de combatir en dos frentes simultáneamente.
Seamos realistas: Sánchez-Panzer juega a preservarse en el poder eternamente, cual IV Reich en un país de playas y camareros; von der Leyen quiere que los Estados miembros dependan aún más de Bruselas y avanzar a una UE federal; y nuestros liberales quieren quedar bien con su conciencia en un mundo que solo existe en sus cabezas y cuyo funcionamiento se escapa a sus principios.
Y también reconozcamos que hacer la guerra con la sangre de los ucranianos es bastante más fácil que con la de nuestros hijos e hijas.
Y también hagamos un sano ejercicio de honestidad: la UE, con su política de sanciones ha castigado más a los europeos que a los rusos; la creciente transferencia de armas y dinero a Ucrania no ha cambiado su suerte en el campo de batalla; Rusia lejos de estar más aislada cuenta con China, Core a del norte e Irán, pero también con India, Brasil y eso que se llama ahora el “Sur global”. En realidad la que se ha quedado aislada y sola es nuestra vieja Europa. Por el sí a la guerra en lugar de forzar una paz que se considera moralmente reprobable. Pero, hay que recordarlo, la moral y la política son cosas bien distintas. Como lo son el politiqueo y la estrategia. Cosa que se nos olvida o que no acabamos de aprender.